Se marchó el 2015

31 Dic

Esta vez ha costado mucho, mucho. Resumir este año no ha sido tarea fácil, porque cada vez que he empezado a repasar en mi cabeza todo lo que ha ido pasando, me veía obligado a parar porque me parecía demasiado triste. Quizás 2015 deba pasar como el año de perder. Perder mucho.

Es evidente que este año gira entorno a una decisión tomada en abril y todas y cada una de las consecuencias que tuvieron lugar a lo largo del tiempo y me han apedreado la cabeza noche tras noche. De hecho, el blog pasó de estar abandonado a ser un reguero de posts tristes y desahogos varios. Que aquí no siguiesen brotando escritos no quiere decir que por las noches no se cruzasen muchos pensamientos. No, el desamor no perdonó.

Hay veces que en la vida se hacen elecciones. En el momento, es complicado saber si las correctas. En ocasiones, la razón y el corazón dicen cosas diferentes. Pero hay que elegir. Yo, tras mil y un errores cometí el definitivo. Y pesa, vaya que si pesa. No recuerdo un agosto tan lluvioso en toda mi vida; de hecho, creo que no recuerdo darme tan de bruces con la realidad. Resulta hasta irónico como en el puro corazón de una fábrica el mío terminara de saltar por los aires. Pero no quiero alargar más esta zona del resumen. Ya habrá un día de la semana que viene para ahondar en la melancolía.

En julio hubo otra pérdida. De las que la vida se cobra por ley y poco se puede hacer. Quizás, por cómo fueron los últimos años y la imposibilidad de cambio, era de esperar e inevitable. Pero eso no le resta tristeza. Asturias es más oscuro aún, ya lo era mucho desde hace 4 años, no lo olvido.

Con la carrera y el máster terminados el año anterior, el capítulo de estudios estuvo cubierto. En el trabajo, otro año de transición, esperando saber qué pasará el verano que viene. Éste, a nivel personal, fue para olvidar en casi todos los aspectos. Y en el ocio, dejar el equipo, merece un capítulo aparte. No ha sido un año divertido, fácil ni agradable. Tampoco parece que hayan sido las mejores elecciones.

Si sigo sonriendo de vez en cuando, es gracias a toda esa buena gente que me ha apoyado directa e indirectamente cuando he estado bastante hundido y abiertamente pedí ayuda. No ha sido tampoco un año fácil para muchos amigos, esperemos que eso cambie.

El capítulo de viajes fue peculiar. La primera visita a Portugal que tanto se hizo rogar en mi vida, fue a Sintra. Probablemente el lugar más bonito que recuerdo; también es cierto que la compañía hizo mucho. Luego Toledo de nuevo y meses más tarde una huida viendo ruinas en Roma, muy poético todo. A partir de ahí viajes a Asturias, por desgracia no por motivos alegres. Medellín, Moraleja, San Martín de Trevejo y finalmente un Palencia – Valladolid en busca de baloncesto, dulces y risas.

Volví al teatro yendo a Badajoz a ver una obra, “The Hole”. Y a Fito, bendito concierto, que abrió heridas y curó otras, fue simplemente genial y me dio la perspectiva que en ese momento necesitaba.

Me dije que debía leer un poco más y qué menos que 10 libros. Por mis ojos pasaron: “1Q84”, “Todo lo que muere”, “En un mundo de grises”, “Pájaros de fuego”, “Crónica del pájaro que le da cuerda al mundo”, “Kafka en la orilla”, “Al sur de la frontera al oeste del sol”, “Tokio Blues”, “Camino a lo inesperado” (de mi buen amigo David) y “After Dark”.

Del blog es difícil seleccionar alguna entrada que no sea triste. Por orden cronológico, hay 8 que llaman más la atención. Agradeciendo todo a quien me aguantó casi año y medio a pesar de mis errores,  el día en que definitivamente fui consciente al 100% de que estaba total y completamente equivocado y me derrumbé, cuando echar de menos empezó a ser algo diario, el soplo de aire fresco, cuando a veces es siempre, cuando sabes que se acabó para siempre y toca resignarse indefinidamente en un banco, qué hacer si te encuentras a quien querías y quieres, o recuerdos de cuando estábamos sentados en tu portal.

¿Y ahora qué? Por lo pronto algunas decisiones importantes que iban a llegar en 2016, lo harán al menos un año más tarde. El resto… Quizás llegar a perdonarme a mí mismo (si eso es posible) por las decisiones que tomé y las mil cosas que hice mal antes (porque recogí lo que sembré anteriormente), corregir alguno de los muchos errores que hay por mi cabeza, volver a ser un poco feliz de verdad (no solo sonreír por fuera), recuperar el tiempo perdido, que las vacaciones no sean para darse cabezazos contra las paredes ni llenar pantanos; no desperdiciar días. Empezar los 30 aceptando qué soy, si es que llego a saberlo. Porque este año me ha ayudado mucho a conocerme, pero también a desconocerme en igual proporción. Porque este año, perdí el camino. Y estoy lejos de haberlo encontrado. Ha sido, personalmente, un mal año.

Que tengáis un feliz 2016. Abrazos a todos.

Saudade

12 Oct

Hace bastantes entradas atrás, hablé de 日三秋, una supuesta expresión china que se usa cuando se echa de menos a alguien. Traducida, viene a significar que en esos momentos, un día dura tres otoños.

Leyendo hace no mucho, oí hablar de “saudade”, una palabra peculiar sin aparente traducción al castellano, que viene del portugués. Se usa para describir una especie de sentimiento de melancolía y soledad, que proviene de la pérdida de algo que se tuvo y por algún motivo ya no se tiene.

Podríamos decir que saudade es cuando has tenido algo y ya no lo tienes o está lejos, física o temporalmente. Cuando echas de menos a una persona a la que has tenido en tu vida y ya no está; ya sea a tu lado, porque esté con otra persona, o porque no tienes el contacto que tenías.

Un autor (Mario Palmeiro) escribió esto de saudade:

Si insistes en saber, lo que es saudade,
tendrás que antes de todo, conocer,
sentir lo que es querer, lo que es ternura,
tener por siempre un puro amor, vivir.

Después comprenderás lo que es saudade.
Después que hayas perdido aquel amor.
Saudade es soledad, melancolía,
es lejanía, es recordar, sufrir.

Por tanto, saudade es echar de menos, añorar, tener nostalgia, extrañar… Sentir el otoño o el invierno en el corazón. Notar que la lluvia no solo cala la ropa, sino que también el alma.

Hace meses, soy saudade.

Sentados en tu portal

9 Oct

Aún recuerdo, cuando sentados en tu portal, dejabas caer tu cabeza sobre mi hombro. Te habías terminado de fumar otro cigarro y confesabas que te encantaba posarte sobre mí y que mi voz acariciara tus oídos, porque te aportaba paz y tranquilidad; la que no tenías ni tuviste en tu vida. A mí me hacías sentir útil y querido, me dabas la vida que siempre me faltó y ahora añoro.

Entre el humo de cigarros, confesiones y “me encanta agarrarte el pelo”; bromas, juegos y “vas a morir solo”. Te subías al escalón “para estar a la altura de las circunstancias”, aunque siempre estuviste muy por encima de todas; dentro de ti nunca cupo toda la riqueza que atesorabas, por eso salía con tanta facilidad a través de tus labios, tus ojos, tu sonrisa.

Quizás por ver tus ojos volverse verdes, a veces discutíamos y nos odiábamos solo un ratito, rabiábamos. Pero nos queríamos. Y yo sí te quería, aunque no pares de repetir lo contrario. Cada minuto feliz contigo era puro oro. De frente o de perfil, yo era mucho más contigo. De hecho, sin ti me he vuelto nada.

Nunca dije que habíamos terminado para siempre. No. Está claro que yo tuve la culpa y tomé la decisión que vi correcta dadas las circunstancias. Pero la frase que repetí esas dos horas, que es de lo poco que puedo afirmar con seguridad, es “ahora no podemos estar juntos, no en este momento”. Y pensé que tú sentías lo mismo, porque llevábamos caminando al borde del abismo desde hacía semanas. Ahora juego con la ventaja que da el estar en el futuro de ese momento; tengo la perspectiva, el tiempo, las ganas y el amor desproporcionado del que carecía ese día; lo he tenido todo durante los meses en los que las lágrimas se paseaban con total libertad por el rostro del perro verde.

Lo queremos todo y queremos estar en todas partes, ignorando que estar en todos lados es la mejor forma de no estar en ningún sitio. La omnipresencia es la forma más sutil de ausencia que la soledad conoce.

Hasta paseando me encuentro con frases como la anterior, qué fácil se ve todo ahora, pero las circunstancias han sido las que fueron, de otro modo no sería éste el desenlace. Tiempo, ganas, mente y salud. Y fui a faltar cuando hubiese sido más necesario. Fui a darme cuenta de todo, en todos los ámbitos, demasiado tarde.

Dejo que 日三秋 y saudade me calen. Me da pena que todo lo que siento se vaya consumiendo en la hoguera, donde cada día una pequeña gota va lentamente apagando el fuego. Aunque trato de no sentirte, una parte de mí se resiste con todas sus fuerzas y siempre gana. Es el tercer mes y aún se ve la humareda en mis ojos, mis palabras, mis noches y mis domingos. Yo sí te quise, me despierto murmurando. Y 3 meses no lo cambiaron.

Un día borré todas las frases que durante años tuve en otra página. Me arrepiento también de ello; por suerte eso tiene alguna solución, no como algunos de los cabos sueltos con los que tropiezo por el camino cuando cada noche vuelvo solo a casa, o que me atrapan en unas sábanas frías. Los errores, cuándo aprenderé de los errores, me repito mientras me levanto de la cama.

Mientras, camino sin rumbo. Esperando no sé muy bien a qué, a quién. Ya lo decía Fito en el concierto:

Tengo algo amargo para cada día, tengo un final para cada verano; tengo una esquina junto a mi rodilla, tengo el problema para el resultado.

Soy el autor de mis heridas, qué me importa si es mentira la verdad es que me hacen daño. Si el corazón se te hace migas, la tristeza cada día, viene y come de tu mano.
Y escribo, porque es la forma de sacar los demonios de mi cabeza. En el fondo esto es lo que ha sido siempre este humilde sitio, un lugar para conspirar.

Fito (II)

1 Oct

Habían pasado prácticamente 8 años desde que vi mi primer concierto de Fito y Fitipaldis. Este fin de semana tuve la oportunidad de volver a verlos en mi ciudad con un sonido maravilloso y en una noche con un tiempo inmejorable. Quizás esta entrada se salga un poco del tono habitual, pero fue allí cuando tomé conciencia de que había escrito en el blog sobre aquel concierto de Fito cuando solo tenía 21 añitos. Y recordé cosas de por aquél entonces: situaciones, personas, sentimientos.

Según iban pasando las canciones, disfrutaba cada vez más. Y recordaba más. Tomaba conciencia de todo lo que había pasado y cómo esa música me acompañó a lo largo de tanto tiempo. De cómo hacía 8 años estaba en “pareja” y todos los errores cometidos. De cómo una persona a la que siempre querré no está entre nosotros desde hace ya 4 años, porque la vida no es nada justa. De decisiones tomadas esperando que fueran las adecuadas, cosa que solo el tiempo aclarará. Fueron muchos recuerdos de hacía 8 años y de todas las personas que estaban alrededor, de cómo el tiempo aleja y las circunstancias de cada una de ellas han cambiado enormemente.

IMG_20150927_010625294

“Si la noche es clara a la luna se le ve el ombligo…”

Llamémoslo vicisitudes

13 Sep

Querer dar un abrazo interminable a una persona. Querer alejarse lo suficiente para no hacerlo.

Mirar constantemente si está conectada para decirla una tontería o algo bonito. Apartar el móvil para no mirarlo.

Querer reír o llorar junto a ella. Querer hacerlo solo.

Pensar en pasar un buen rato juntos. Correr cuando se puede presentar la ocasión.

Superar cosas de día. Dar marcha atrás cada noche con el insomnio.

Querer ayudar. Producir destrucción y dolor.

Haber aprendido con los años. Cometer los mismos y peores errores.

Si alguien sabe dónde tengo el botón de dejar de sentir, por favor que me lo diga o que lo pulse antes de que cometa más errores o pierda a las personas que quiero, otra vez más. Porque ser frío puede provocar que la gente no te entienda, pero así no quemas a nadie y tú te entiendes un poquito. Ir con los sentimientos a flor de piel es muy parecido a estar un campo de batalla desprotegido y con una ametralladora en mano; sin diferenciar entre amigos y enemigos, disparando sin sentido y sin ni siquiera saberlo. Totalmente cegado.

Todos y cada uno de los errores del pasado en lo que a sentimientos se refiere, repetidos de nuevo. ¿Cuándo y por qué dejé de sentir y volví a ser frío? La última vez que me llevé por delante todo. Cuando no había riendas para domar sentimientos.