La transición de 2019

31 Dic

Me voy a dejar bastantes reflexiones en el tintero, quizás porque no haya llegado a final de año de la forma más relajada posible. Si bien no ha sido un mal 2019, es cierto que de las ilusiones de principio de año, la fuerza y la fe ciega en que haciendo las cosas de la mejor forma posible moralmente hablando todo se consigue, poco queda mientras redacto este post.

De la parte de viajes he estado por Madrid (la boda de una pedazo de persona a la que le deseo lo mejor), Marsella (medio cojo pero mereció la pena), Isla Cristina, Miranda de Duero y Zamora. Quién sabe qué deparará el año que viene.

He visto muchas series y leído menos de lo debido, aunque con la suma de ellas he conseguido una evasión y paz mental de agradecer. Volveré a intentar el objetivo de leer 12 libros o al menos acercarme.

He estado en un concierto de Morgan en el teatro, una semana después en Zamora viendo una obra y meses antes disfrutando de comedia en el Teatro Romano.

Aunque lo intenté, al final dejé la escuela oficial de idiomas en el último suspiro. También he estado en el comité de empresa y he dejado de estarlo. Estuve realmente bien de salud pero un esguince traicionero en verano nada más empezar las vacaciones ha desembocado en la promesa de dejar el baloncesto al menos durante un año. Volví a hacer spinning y me di cuenta de que mis largos paseos de vuelta a casa me hacían feliz como hace años y eran de lo poco bueno del día, dejando entrever que si eso pasa es momento de parar y reflexionar seriamente.

A nivel personal ha sido complicado digerir ciertas cosas y he llegado a hacer bola. Me he conocido más, me he sentido defraudado con el mundo y he fallado y me he fallado. Supongo que lo que más flota en mi cabeza desde hace tiempo son las palabras decepción y derrota. Aun con todo, realmente no ha sido un mal año.

Como hoy dijo un grande, no hay que perder la esperanza y sí aprender nuevas formas de enfrentarnos a ciertas situaciones. Allá vamos.

Quizás haya tardado mucho en querer reconocerlo

9 Jun

(Cosas del año pasado que ya se pueden “desclasificar”)

Quizás haya tardado mucho en querer reconocerlo pero… mira, hace tiempo me enamoré de ti. Cuando nos conocimos pensé que eras guapa pero no llegué a pensar en mucho más que eso. Según pasaban los meses, y si bien es cierto que no teníamos mucho trato, fui descubriendo que tenías un corazón enorme. Me daba cuenta de que compartíamos forma de pensar en muchas cosas y en las que no, admiraba tu punto de vista. Te observaba en la distancia y cada vez me parecías más guapa. Cuando hablábamos, en ocasiones me descubría a mí mismo embelesado mirando a tus labios; tenía que hacer un esfuerzo titánico para que mis ojos no fuesen directos a esa sonrisa tan preciosa que despliegas, esa que da calor al más frío de los corazones.

Por desgracia, siempre supe que no te gustaba. Puedo destacar por mi altura, pero no por mucho más que eso. No soy lo suficientemente guapo para que una persona tan bella como tú pueda estar conmigo. No tengo una personalidad maravillosa que consiga arrebatar corazones. Tampoco sé bailar o tengo el don de ser extrovertido. Maldita sea, si ni siquiera mido dos metros, me quedé a 2 cm. No, no soy lo suficiente en nada. Por eso mismo sabía que me gustaba alguien inalcanzable para mí.

Así que a una de ya de por sí introvertida personalidad, le añadí un par de muros. Porque sabía que corría el riesgo de enamorarme y si nos hacíamos amigos, muy amigos, iba a terminar francamente destrozado. Así he pasado un tiempo, en el cual me limitaba a mirar de reojo unas piernas de escándalo, fantasear con unos labios creados para hacer travesuras y unas caderas que quería ver moverse hasta la extenuación. Me gustabas.

Lo malo fue cuando eso pasó, de repente, a ser algo más. Quería algo contigo. Sabía que no podía ser, pero lo quería. Aún sabiendo que quizás por personalidad, fuese complicado. Pero no era recíproco. Y una noche nos quedamos tomando algo y me descubrí a mí mismo escribiendo un mensaje a un amigo diciendo “es preciosa”. Al enviarlo me di cuenta de que ya estaba perdido. Me estaba enamorando.

Uno aprende en esta vida no porque estudie mucho y con detenimiento, sino por los golpes que se va dando. Así que como ya sabía cómo acabaría, agradecí nos haber sido tan amigo, haber rechazado algún café, cada centímetro de distancia que había interpuesto entre los dos. Porque como ya escribí y tú leíste y marcaste me gusta sin saber que hablaba de ti: 

“Te miro a los labios y no puedo dejar de admirar esa sonrisa. Me recreo en ella, es sencillamente perfecta y como un agujero negro: una vez que caes en ella, no puedes salir de ahí…” 

Así que permite si maldigo un poco a los que han podido tenerte muy de cerca, disfrutar de tu compañía, compartir momentos, besarte, tocarte o hacerte la mitad de las cosas que a mí me gustaría. Quizás haya tardado mucho en querer reconocerlo pero… mira, hace tiempo me enamoré de ti.

Cosas que hacer antes de los 40

29 Ene

Esta lista la debí hacer después de Cosas que pasaron en mis 20, pero la pereza hizo mella en mí y lo dejé pasar durante algo más de año y medio dos años. Es más, curiosamente cosas como viajar muy lejos, irme a vivir solo, comprarme un coche o volver a jugar a baloncesto, ya han pasado mientras tanto. Ahí va:

  • Ver auroras boreales. Ya sea en Finlandia, Islandia…
  • Volver a Tallín. Me gustó la ciudad, aun no viendo demasiados monumentos o lugares, tengo el recuerdo de sentir que todo era muy bello.
  • Pasar un fin de año fuera de la ciudad en la que esté viviendo habitualmente.
  • Ir a un concierto de MClan (a ser posible, sin que me pase nada; porque vaya gafe que tengo con esto).
  • Ir a un concierto de Vetusta Morla.
  • Visitar otro continente en el que no haya estado.
  • Visitar EEUU.
  • Comprar un coche.
  • Vivir en otro lugar durante algunos meses.
  • Además me gustaría viajar a Escocia, Grecia, Alemania… en general a cualquier país de Europa donde no haya estado.
  • Volver a jugar “en serio” a baloncesto.
  • Vivir solo.
  • Tener un perro (o al menos un gato).
  • Volver a tener pareja estable.

La iré ampliando, porque si bien la empecé, no la terminé. Al final se reduce a viajar y vivir. Sobre todo vivir.

Agostos pasados

15 Ago

Hace un año estaba visitando Japón y disfrutando de una cultura muy diferente a la que aquí estamos acostumbrados.

Hace dos intentaba pasar página en unas vacaciones que no quería tener y que se me atragantaron desde bien pronto.

Hace tres me pasaba justo lo contrario: quería vacaciones pero había empezado a trabajar y no las tenía.

Hace cuatro estaba intentando recuperarme de una rotura de peroné.

Hace cinco fue uno normal y corriente.

Hace seis se mezclaban los viajes a Madrid, Mallorca y Alicante.

Hace siete disfrutaba de Edimburgo, el Fringe y Trelese.

Hace ocho descansaba tras un intenso viaje a París en coche.

Hasta luego, 2016

31 Dic

Poco ha tenido que ver este año con el anterior. Han pasado más cosas, ha habido más cambios… aunque todo parece ya muy lejano, como si hubiese sucedido mucho tiempo atrás.

Quizás, cronológicamente, lo primero importante que sucedió es que en abril, antes de lo previsto, me llevé la alegría de dejar de ser becario y pasar a tener contrato de empresa. Tras prácticamente dos años con cierta incertidumbre, esto me ha dado una estabilidad más que necesaria (ya vamos teniendo una edad) para poder ir haciendo planes.

De ahí se puede pasar directamente a finales de julio, porque fue en verano cuando todo se precipitó un poco y el azar jugó un papel importante. Muchos meses atrás había visto un pequeño apartamento que rápidamente se alquiló y me gustaba, de casualidad volvió a aparecer justo cuando miré en verano y nuevamente se retiró el anuncio. Aún así me dio tiempo a contactar y verlo (aunque en principio ya estaba cogido), pero renunciaron a él y… ¡piscinazo! Evidentemente, las cuentas y el resto de cosas ya estaban más que calculadas, en el fondo, los 30 eran una especie de edad límite para irse planteando ciertos cambios.

Pero antes de la “mudanza”, a mediados de agosto fue el viaje a Japón. Dos semanas maravillosas para conocer un país y una sociedad cuya ética y valores están a años luz de los nuestros. Está claro que tendrá cosas malas, pero el choque cultural, donde la educación y cortesía juegan un papel tan importante, es increíble. Paisajes maravillosos, dormir tranquilo en el metro porque no hay ruido, saber que nadie te va a engañar ni querer robar, cartelitos, tartas de queso con chocolate, “profanación de templos”, la estación de cachibache, largos vuelos, ver un barco pirata en un lago, tifones, mil máquinas de bebidas, rascacielos, comidas raras, “la bebida que sabe al primer beso”… Cientos de cosas y sobre todo: desconexión absoluta.

A la vuelta, la búsqueda de un coche y tras encontrarlo, instalación definitiva. Y desde ahí, simplemente vivir tranquilamente. En el resto de cosas, pocos cambios más. Cada vez más piedra que corazón (inevitablemente), risas, pachangas de basket, disfrutar cuando se puede, alguna carrerita, un viaje gastronómico (al final este año estuve en 3 continentes :D), algún concierto (buen descubrimiento “La MODA”)… Es curioso porque ahora mismo parece que todo esto es muy lejano y no hice nada en todo el año, que simplemente ha sido un año más. Pero no, aunque a ratos me he sentido demasiado BoJack, todo hay que decirlo.

Y el que viene, bueno, ojalá sorprenda también para bien. Quizás estudiar de nuevo algo que me llene, leer un poco más (este año ha sido un libro al mes), que la salud siga bien, disfrutar y sentir de verdad.

Que 2017 os trate bien, como merecéis. Abrazos fuertes a todos.