Plato de pandemia con restos de otras cosas, eso fue 2020

31 Dic

A nivel global pocas veces tanta gente coincidirá en que este año no ha ido especialmente bien, que haya habido una pandemia global desde marzo desde luego que no ha ayudado a tener una vida aceptablemente normal.

Y eso que en mi caso enero ya de por sí empezó fuerte. El día de Reyes estaba visitando el que se convertiría en mi nuevo piso un mes más tarde, un remanso de paz y tranquilidad lejos del centro que ayudó a hacer más llevaderos los meses posteriores. Eso sí, a mitad de mes un criptovirus hizo estragos en la empresa y complicó sobremanera el trabajo en la compañía. En febrero casi quemo el nuevo piso mientras cocinaba y de ahí vamos a marzo, donde acabamos confinados debido a una pandemia. Contagios, hospitalizaciones, muertes, inquietud, ERTEs… hasta que en mayo la cosa empezó a remitir un poco y se pudo volver a salir a la calle, hacer deporte e incluso tener un verano un poco más normal.

A partir de septiembre, pandemia aparte, a nivel de salud tuve un susto grande y un mes más tarde una recaída de una enfermedad que no me visitaba desde hacía diez años. Esa es mi principal lucha ahora mismo, sin olvidar el COVID.

Los lemas de “2020, malo será; a ver qué pasa” no fueron muy bien que digamos. Por no hablar de los viajes, cancelados los que había previstos y una maleta que compré en enero (teóricamente iba a viajar bastante) y aún sigue con las etiquetas y sin usarse.

Con todo y con eso salieron sonrisas en un verano “medio normal”, de mucho caminar, tomar el sol, cervezas… Incluso una pequeña visita a Valladolid y Salamanca a comer dulces, eso que no falte.

Sobrevivir al 2020 ya es bastante. Hacer lo mismo con 2021 e ir viendo qué se puede hacer en 2022 es la hoja de ruta. Ya habrá tiempo.

Dejar de sentir

26 Jul

Hay veces (pocas por suerte) en que inevitablemente pienso en que no volveré a tener pareja o que el amor quizás no llegue en tiempo y forma. No es siempre, pero todos tenemos esas horrendas tardes de domingo o aleatorias noches en vela donde de repente nos acechan ese tipo de fantasmas y miedos.

Aunque quizás no es eso lo que me asusta. Quizás lo que realmente más me asusta sea dejar de sentir. Es que no sea capaz de volver a ilusionarme, a dejar un poco la razón a un lado para dar paso a más corazón. Eso es lo que realmente me aterra en la vida: dejar de sentir.

Una de resúmenes

2 Feb

Siguiendo la estela del bueno de Gon, voy a ir poniendo poquito a poco (espero que mes a mes), las series y libros que voy viendo. Esto me ahorra la tarea de tener que valorar cosas a final de año de las que ni me acuerdo.

“La devoción del sospechoso X” es el primer libro de este año y… meh. Me ha encantado la introducción y el final, pero lo que hay por el camino no me ha gustado demasiado, echaba falta un poco más de ritmo.

En la series me estrené con el El Vecino y aunque me encanta Quim desde su papel en Primos, a esta serie le falta un poco de todo y es una lástima. Poco después vi The Gift y probablemente esté en mi top de series a final de año: genial cómo juega a lo largo de la serie con diferentes giros de guión y con un final que no tiene desperdicio.

Libros:

  • La devoción del sospechoso X (6).

Series:

  • El vecino (6).
  • The Gift (9).

A nivel personal ha sido un mes que ha pasado rápido, con decisiones sumamente precipitadas e inciertas, exceso de trabajo y demasiados cambios. A ratos me he arrepentido de los lemas del final del año pasado porque parece que me persiguen y atormentan. Qué difícil va a ser recuperar la calma y borrar arrepentimientos, temores y rencores a partes iguales.

¿Una canción? Ésta ha sonado mucho en este alocado enero.

La transición de 2019

31 Dic

Me voy a dejar bastantes reflexiones en el tintero, quizás porque no haya llegado a final de año de la forma más relajada posible. Si bien no ha sido un mal 2019, es cierto que de las ilusiones de principio de año, la fuerza y la fe ciega en que haciendo las cosas de la mejor forma posible moralmente hablando todo se consigue, poco queda mientras redacto este post.

De la parte de viajes he estado por Madrid (la boda de una pedazo de persona a la que le deseo lo mejor), Marsella (medio cojo pero mereció la pena), Isla Cristina, Miranda de Duero y Zamora. Quién sabe qué deparará el año que viene.

He visto muchas series y leído menos de lo debido, aunque con la suma de ellas he conseguido una evasión y paz mental de agradecer. Volveré a intentar el objetivo de leer 12 libros o al menos acercarme.

He estado en un concierto de Morgan en el teatro, una semana después en Zamora viendo una obra y meses antes disfrutando de comedia en el Teatro Romano.

Aunque lo intenté, al final dejé la escuela oficial de idiomas en el último suspiro. También he estado en el comité de empresa y he dejado de estarlo. Estuve realmente bien de salud pero un esguince traicionero en verano nada más empezar las vacaciones ha desembocado en la promesa de dejar el baloncesto al menos durante un año. Volví a hacer spinning y me di cuenta de que mis largos paseos de vuelta a casa me hacían feliz como hace años y eran de lo poco bueno del día, dejando entrever que si eso pasa es momento de parar y reflexionar seriamente.

A nivel personal ha sido complicado digerir ciertas cosas y he llegado a hacer bola. Me he conocido más, me he sentido defraudado con el mundo y he fallado y me he fallado. Supongo que lo que más flota en mi cabeza desde hace tiempo son las palabras decepción y derrota. Aun con todo, realmente no ha sido un mal año.

Como hoy dijo un grande, no hay que perder la esperanza y sí aprender nuevas formas de enfrentarnos a ciertas situaciones. Allá vamos.

Quizás haya tardado mucho en querer reconocerlo

9 Jun

(Cosas del año pasado que ya se pueden “desclasificar”)

Quizás haya tardado mucho en querer reconocerlo pero… mira, hace tiempo me enamoré de ti. Cuando nos conocimos pensé que eras guapa pero no llegué a pensar en mucho más que eso. Según pasaban los meses, y si bien es cierto que no teníamos mucho trato, fui descubriendo que tenías un corazón enorme. Me daba cuenta de que compartíamos forma de pensar en muchas cosas y en las que no, admiraba tu punto de vista. Te observaba en la distancia y cada vez me parecías más guapa. Cuando hablábamos, en ocasiones me descubría a mí mismo embelesado mirando a tus labios; tenía que hacer un esfuerzo titánico para que mis ojos no fuesen directos a esa sonrisa tan preciosa que despliegas, esa que da calor al más frío de los corazones.

Por desgracia, siempre supe que no te gustaba. Puedo destacar por mi altura, pero no por mucho más que eso. No soy lo suficientemente guapo para que una persona tan bella como tú pueda estar conmigo. No tengo una personalidad maravillosa que consiga arrebatar corazones. Tampoco sé bailar o tengo el don de ser extrovertido. Maldita sea, si ni siquiera mido dos metros, me quedé a 2 cm. No, no soy lo suficiente en nada. Por eso mismo sabía que me gustaba alguien inalcanzable para mí.

Así que a una de ya de por sí introvertida personalidad, le añadí un par de muros. Porque sabía que corría el riesgo de enamorarme y si nos hacíamos amigos, muy amigos, iba a terminar francamente destrozado. Así he pasado un tiempo, en el cual me limitaba a mirar de reojo unas piernas de escándalo, fantasear con unos labios creados para hacer travesuras y unas caderas que quería ver moverse hasta la extenuación. Me gustabas.

Lo malo fue cuando eso pasó, de repente, a ser algo más. Quería algo contigo. Sabía que no podía ser, pero lo quería. Aún sabiendo que quizás por personalidad, fuese complicado. Pero no era recíproco. Y una noche nos quedamos tomando algo y me descubrí a mí mismo escribiendo un mensaje a un amigo diciendo “es preciosa”. Al enviarlo me di cuenta de que ya estaba perdido. Me estaba enamorando.

Uno aprende en esta vida no porque estudie mucho y con detenimiento, sino por los golpes que se va dando. Así que como ya sabía cómo acabaría, agradecí nos haber sido tan amigo, haber rechazado algún café, cada centímetro de distancia que había interpuesto entre los dos. Porque como ya escribí y tú leíste y marcaste me gusta sin saber que hablaba de ti: 

“Te miro a los labios y no puedo dejar de admirar esa sonrisa. Me recreo en ella, es sencillamente perfecta y como un agujero negro: una vez que caes en ella, no puedes salir de ahí…” 

Así que permite si maldigo un poco a los que han podido tenerte muy de cerca, disfrutar de tu compañía, compartir momentos, besarte, tocarte o hacerte la mitad de las cosas que a mí me gustaría. Quizás haya tardado mucho en querer reconocerlo pero… mira, hace tiempo me enamoré de ti.