Quizás haya tardado mucho en querer reconocerlo

9 Jun

(Cosas del año pasado que ya se pueden “desclasificar”)

Quizás haya tardado mucho en querer reconocerlo pero… mira, hace tiempo me enamoré de ti. Cuando nos conocimos pensé que eras guapa pero no llegué a pensar en mucho más que eso. Según pasaban los meses, y si bien es cierto que no teníamos mucho trato, fui descubriendo que tenías un corazón enorme. Me daba cuenta de que compartíamos forma de pensar en muchas cosas y en las que no, admiraba tu punto de vista. Te observaba en la distancia y cada vez me parecías más guapa. Cuando hablábamos, en ocasiones me descubría a mí mismo embelesado mirando a tus labios; tenía que hacer un esfuerzo titánico para que mis ojos no fuesen directos a esa sonrisa tan preciosa que despliegas, esa que da calor al más frío de los corazones.

Por desgracia, siempre supe que no te gustaba. Puedo destacar por mi altura, pero no por mucho más que eso. No soy lo suficientemente guapo para que una persona tan bella como tú pueda estar conmigo. No tengo una personalidad maravillosa que consiga arrebatar corazones. Tampoco sé bailar o tengo el don de ser extrovertido. Maldita sea, si ni siquiera mido dos metros, me quedé a 2 cm. No, no soy lo suficiente en nada. Por eso mismo sabía que me gustaba alguien inalcanzable para mí.

Así que a una de ya de por sí introvertida personalidad, le añadí un par de muros. Porque sabía que corría el riesgo de enamorarme y si nos hacíamos amigos, muy amigos, iba a terminar francamente destrozado. Así he pasado un tiempo, en el cual me limitaba a mirar de reojo unas piernas de escándalo, fantasear con unos labios creados para hacer travesuras y unas caderas que quería ver moverse hasta la extenuación. Me gustabas.

Lo malo fue cuando eso pasó, de repente, a ser algo más. Quería algo contigo. Sabía que no podía ser, pero lo quería. Aún sabiendo que quizás por personalidad, fuese complicado. Pero no era recíproco. Y una noche nos quedamos tomando algo y me descubrí a mí mismo escribiendo un mensaje a un amigo diciendo “es preciosa”. Al enviarlo me di cuenta de que ya estaba perdido. Me estaba enamorando.

Uno aprende en esta vida no porque estudie mucho y con detenimiento, sino por los golpes que se va dando. Así que como ya sabía cómo acabaría, agradecí nos haber sido tan amigo, haber rechazado algún café, cada centímetro de distancia que había interpuesto entre los dos. Porque como ya escribí y tú leíste y marcaste me gusta sin saber que hablaba de ti: 

“Te miro a los labios y no puedo dejar de admirar esa sonrisa. Me recreo en ella, es sencillamente perfecta y como un agujero negro: una vez que caes en ella, no puedes salir de ahí…” 

Así que permite si maldigo un poco a los que han podido tenerte muy de cerca, disfrutar de tu compañía, compartir momentos, besarte, tocarte o hacerte la mitad de las cosas que a mí me gustaría. Quizás haya tardado mucho en querer reconocerlo pero… mira, hace tiempo me enamoré de ti.

Cosas que hacer antes de los 40

29 Ene

Esta lista la debí hacer después de Cosas que pasaron en mis 20, pero la pereza hizo mella en mí y lo dejé pasar durante algo más de año y medio dos años. Es más, curiosamente cosas como viajar muy lejos, irme a vivir solo, comprarme un coche o volver a jugar a baloncesto, ya han pasado mientras tanto. Ahí va:

  • Ver auroras boreales. Ya sea en Finlandia, Islandia…
  • Volver a Tallín. Me gustó la ciudad, aun no viendo demasiados monumentos o lugares, tengo el recuerdo de sentir que todo era muy bello.
  • Pasar un fin de año fuera de la ciudad en la que esté viviendo habitualmente.
  • Ir a un concierto de MClan (a ser posible, sin que me pase nada; porque vaya gafe que tengo con esto).
  • Ir a un concierto de Vetusta Morla.
  • Visitar otro continente en el que no haya estado.
  • Visitar EEUU.
  • Comprar un coche.
  • Vivir en otro lugar durante algunos meses.
  • Además me gustaría viajar a Escocia, Grecia, Alemania… en general a cualquier país de Europa donde no haya estado.
  • Volver a jugar “en serio” a baloncesto.
  • Vivir solo.
  • Tener un perro (o al menos un gato).
  • Volver a tener pareja estable.

La iré ampliando, porque si bien la empecé, no la terminé. Al final se reduce a viajar y vivir. Sobre todo vivir.

Agostos pasados

15 Ago

Hace un año estaba visitando Japón y disfrutando de una cultura muy diferente a la que aquí estamos acostumbrados.

Hace dos intentaba pasar página en unas vacaciones que no quería tener y que se me atragantaron desde bien pronto.

Hace tres me pasaba justo lo contrario: quería vacaciones pero había empezado a trabajar y no las tenía.

Hace cuatro estaba intentando recuperarme de una rotura de peroné.

Hace cinco fue uno normal y corriente.

Hace seis se mezclaban los viajes a Madrid, Mallorca y Alicante.

Hace siete disfrutaba de Edimburgo, el Fringe y Trelese.

Hace ocho descansaba tras un intenso viaje a París en coche.

Hasta luego, 2016

31 Dic

Poco ha tenido que ver este año con el anterior. Han pasado más cosas, ha habido más cambios… aunque todo parece ya muy lejano, como si hubiese sucedido mucho tiempo atrás.

Quizás, cronológicamente, lo primero importante que sucedió es que en abril, antes de lo previsto, me llevé la alegría de dejar de ser becario y pasar a tener contrato de empresa. Tras prácticamente dos años con cierta incertidumbre, esto me ha dado una estabilidad más que necesaria (ya vamos teniendo una edad) para poder ir haciendo planes.

De ahí se puede pasar directamente a finales de julio, porque fue en verano cuando todo se precipitó un poco y el azar jugó un papel importante. Muchos meses atrás había visto un pequeño apartamento que rápidamente se alquiló y me gustaba, de casualidad volvió a aparecer justo cuando miré en verano y nuevamente se retiró el anuncio. Aún así me dio tiempo a contactar y verlo (aunque en principio ya estaba cogido), pero renunciaron a él y… ¡piscinazo! Evidentemente, las cuentas y el resto de cosas ya estaban más que calculadas, en el fondo, los 30 eran una especie de edad límite para irse planteando ciertos cambios.

Pero antes de la “mudanza”, a mediados de agosto fue el viaje a Japón. Dos semanas maravillosas para conocer un país y una sociedad cuya ética y valores están a años luz de los nuestros. Está claro que tendrá cosas malas, pero el choque cultural, donde la educación y cortesía juegan un papel tan importante, es increíble. Paisajes maravillosos, dormir tranquilo en el metro porque no hay ruido, saber que nadie te va a engañar ni querer robar, cartelitos, tartas de queso con chocolate, “profanación de templos”, la estación de cachibache, largos vuelos, ver un barco pirata en un lago, tifones, mil máquinas de bebidas, rascacielos, comidas raras, “la bebida que sabe al primer beso”… Cientos de cosas y sobre todo: desconexión absoluta.

A la vuelta, la búsqueda de un coche y tras encontrarlo, instalación definitiva. Y desde ahí, simplemente vivir tranquilamente. En el resto de cosas, pocos cambios más. Cada vez más piedra que corazón (inevitablemente), risas, pachangas de basket, disfrutar cuando se puede, alguna carrerita, un viaje gastronómico (al final este año estuve en 3 continentes :D), algún concierto (buen descubrimiento “La MODA”)… Es curioso porque ahora mismo parece que todo esto es muy lejano y no hice nada en todo el año, que simplemente ha sido un año más. Pero no, aunque a ratos me he sentido demasiado BoJack, todo hay que decirlo.

Y el que viene, bueno, ojalá sorprenda también para bien. Quizás estudiar de nuevo algo que me llene, leer un poco más (este año ha sido un libro al mes), que la salud siga bien, disfrutar y sentir de verdad.

Que 2017 os trate bien, como merecéis. Abrazos fuertes a todos.

Cosas que pasaron en mis 20

26 Mar

Ha llovido bastante desde que quise publicar esta entrada hasta que finalmente me puse manos a la obra y decidí dedicarle un tiempo. Quizás necesitaba unos meses para coger perspectiva. O simplemente es que entré en los 30 con cierta desgana y pereza.

10 años de la vida de una persona dan para mucho. Como es lógico, de los 20 a los 30 son los primeros en los que más cosas suceden. Y eso que no puedo quejarme por los diez anteriores, viajé mucho y no tengo recuerdos demasiado amargos: Francia, Holanda, Bélgica; decenas de pueblos por España, Tenerife, Gran Canaria… Jugué a básket en un buen equipo, tuve momentos tristes por los problemas de rodilla, empecé en la universidad, alguna noche memorable, amigos, tuve mis primeros rotos en el corazón y el resto de cosas que le pueden pasar a uno.

¿Y los 20? Es complicado ser objetivo y recordarlo todo. Ya sea por mala memoria en ocasiones y otras porque simplemente lo mejor era olvidar determinadas situaciones. Esto no es un “lo que aprendí”, que ya vendrá en otro post, sino que es un poco anotar algunas cosas que me pasaron. Me es más sencillo hablar de viajes porque con ellos vienen más recuerdos de situaciones, lugares y estados de ánimo.

  • Estuve en París por segunda vez en el verano de 2009, en un viaje peculiar en coche. Carnet y coche, anda que no fue sorpresivo esto.
  • Por Edimburgo pasé el primer gran viaje con amigos de esta época. Fue sin duda de los mejores y guardo muchos recuerdos. La banda sonora la puso Trelese, la anécdota más grande el DNI caducado del incombustible Pepe, la magia el grande Jorge Luengo, la alegría todos nosotros y las incontables pintas, la fiesta de disfraces, el asesino de la cuchara…
  • Un año más tarde, en 2011 (pasó de todo: bueno… y malo), los viajes se sucedieron. En primer lugar un viaje a Londres en plenos exámenes de Junio (el taxi pirata, las comidas en el jardín, el cambio de horario), seguido por otro a Mallorca donde vi a mi Campanilla particular, a Alicante a rebozarnos por la playa de las piedras ocultas. Y luego a Lituania, Letonia, Estonia (¡y Helsinki!) para ver el Eurobasket, disfraces de Guardia Civil incluidos. A la vuelta, como colofón, viaje de una semana a la Riviera Maya con la empresa.
  • Los tres años siguientes no hubo viajes fuera de España (más allá de un viaje a Tánger por trabajo), pero sí a Burgos (cómo no), Madrid, Méntrida, Barcelona (a aprender a no cruzar en rojo), Toledo y otros muchos findes de escapadas cercanas. En 2013 por la rotura de Peroné me perdí Eslovenia y alrededores y más tarde Alemania, pero bueno, todo no puede ser.
  • El último en Sintra (aún no había ido nunca a Portugal) y Roma.
  • Aquí faltan visitas a pueblos de Extremadura y no pocos viajes más dentro de España: Ourense, Avilés, Gijón, Zaragoza, Alicante, Barcelona, León, Palencia, Ávila, Salamanca, Béjar, Valladolid, Madrid, Huelva, Cádiz…

Así que sumado a los años anteriores he pisado tierra en Portugal, Francia, Escocia, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Italia, Lituania, Letonia (aunque solo fuese pisar las estaciones de servicio), Estonia (qué bonito Tallín, ¿volveré?), Helsinki, Marruecos y México.

Como en la vida de todos, se han cruzado muchas personas por mi vida, unas pocas para quedarse y otras muchas para acabar yéndose. Por desgracia, algunas nos han dejado a todos: mi tía Conchi en 2011 de una forma muy triste e injusta y en 2015 por ley de vida mi abuela Nori. Aún me emociono pensando en ello. Si eso fue la cruz, la cara la puso mi padre en 2007 porque aunque el susto fue mayúsculo, vive para contarlo.

He salido en la tele como narrador, co-presentador, por estar loco e ir disfrazados de guardias civiles en Kaunas. He escrito para diversas web de básket, he tenido una web de frases y en su momento bastantes visitas. He estado en 2 trabajos más aparte del de ahora: en Intexmedia (qué gran equipo de personas e infinitos buenos recuerdos en esos 3 años) y por Gloin otro año (con mucha suerte con los compañeros también).

En la salud, he estado malito dentro de lo normal, pero hay que añadirle algún esguince, roturas fibrilares, la rotura de peroné, ansiedad…

En el amor he tenido también de todo. He querido, me han querido, he tocado fondo con el desamor, he fallado y tomado decisiones erróneas de las que me he arrepentido, pero también he hecho un poco feliz a otras personas. Me he pegado 3 batacazos grandes (cada uno el doble de grande que el anterior, el último aún duele y eso que ya hace un año) que se unen a otros 2 “memorables” de la década anterior. Remiendos en la patata, que dicen.

Acabé la carrera con un retraso evidente (de años, aunque de cabeza no es que esté mejor) y dije que no volvería a pisar una universidad en la vida. Al año siguiente me matriculé en un máster (¡viva la coherencia!), porque ya que siempre dije que no valían para nada, qué mejor forma de comprobarlo que haciéndolo y más si no estaba trabajando en ese momento. Éste si lo acabé a la primera, pero no con poco esfuerzo ni falto de disgustos.

Mantengo amigos de antes de los 20, aunque pocos (estas cosas pasan), pero el cariño es mayor cada año que pasa. Lo mismo sucede con las personas que he tenido la suerte de conocer durante esta década. Os tengo mucha más estima de la que pensáis.

Y ya… No quiero mezclar este pequeño diario de cosas que pasaron con otro de “cosas que aprendí”, que llegará en las próximas semanas o meses. Y tampoco el de cosas que quiero hacer de los 30 a los 40. Vale, qué viejo me he hecho.

Quizás a cámara lenta. Despacio. Pero he vivido. Aquí no está ni el 1% de mis 20, pero me basta. Y estoy agradecido de poder contarlo. He preferido no poner muchos nombres aquí (quizás cuando tenga 80 años me arrepienta porque ya no me acuerde bien) por respeto y porque siempre se me olvidaría alguien y sería injusto. Gracias a todos 🙂