¿Qué te pasa?

18 May

– ¿Qué te pasa?

– Nada.

– Venga ya, tú y yo sabemos que te pasa algo, otra cosa es que no lo quieras decir.

– He sido sincero: no me pasa nada, y ese es el problema. Cada nuevo día pasa sin que suceda nada interesante, y apenas se diferencia en algo del anterior. Las hojas del calendario podrían intercalarse perfectamente y no notaría la diferencia, puesto que no hay un objetivo, meta, o razón que me guíe. Y lo peor es que son días desperdiciados, que me gustaría poder meter en una bolsa de la que echar mano en aquellos momentos que merecerán la pena en el futuro.

– ¿Y entonces? ¿Esto cómo se arregla?

– No es nuevo, a más gente le pasa, y la fórmula se repite: paciencia, sonrisas y no perder la calma. Ya habrá un objetivo, algo en lo que centrarse. Cuando sea. Mientras tanto, habrá que disfrutar del camino, recogiendo cada sonrisa o guiño que haya en el trayecto, porque todo vale y aporta algo; eso sin duda es mejor que arrastrarse. O cambiar de camino, desde 0, desde ese cero en concreto. Habrá que buscar soluciones. Hasta que un día me preguntes: ¿te pasa algo? Y yo te responda: sí. Entonces, sonreiremos.

Cuándo se es feliz

24 Abr

Entre batidos de chocolate, anécdotas y promesas, hace bien poco mantuve con un pequeño filósofo/romántico una entretenida conversación sobre la felicidad, las metas, y qué hacer cuando las cosas no van como es debido. Lo más curioso es que la conversación iba por otros derroteros, pero al final terminó desembocado en una charla de los más enriquecedora. Básicamente, tú que me lees, ¿eres feliz? Si es que sí, porque no te cabe la sonrisa en tu rostro y desprendes alegría por todos sitios, no hace falta que sigas; pero si es que no, o que no sabes, ¿cómo saber lo que te falta? Y es que… ¿cuándo se es feliz?

 

En el fondo, todos en nuestra vida tenemos una serie de metas comunes (algunos más y otros menos): un buen estado de salud, un trabajo satisfactorio, grupo de amistades con el que disfrutar, sentirse realizado en algún proyecto, tener una persona a la que darle (¡y de la que recibir!) todo el amor, no tener problemas económicos para vivir con calma… Para ser feliz no es necesario que todo esto se cumpla a la vez y sea maravilloso (ojalá fuera así, y quien tenga esa posibilidad, seguro que lo disfrutará al máximo), basta con que se cumplan una serie de mínimos en cada uno de esos aspectos, o que al menos la media salga positiva. Y ahí mucho tiene que ver nuestra actitud, tratando se sacar lo más positivo de todos los resquicios posibles.

¿Cuándo no soy feliz o algo va mal? Cuando cada mañana te pesa, y te levantas sin ver ni una sola cosa positiva en ese día que acaba de nacer. Esto, se puede cambiar manteniendo una actitud menos negativa, el resto… ¡nunca se sabe qué puede pasar! Otro de los termómetros es los domingos, cuanto más apático se esté, con más tiempo libre desaprovechado, peor. ¡Así que a moverse y hacer cosas! No hay nada peor que no hacer nada, hacer cualquier cosa para estar entretenido es bueno (cumpliendo la legalidad vigente, a ser posible claro xD).

 

Si las cosas van fallando, y no hay nada que nos ate, quizás es el momento en que en lugar de ir sustituyendo pequeños aspectos, lo que se debe hacer es buscar un cambio radical. Y es ahí donde entra la “locura” de empezar de cero, una nueva vida, en un nuevo lugar, nuevas personas… porque en el fondo lo que se busca es la pertenencia a un grupo, a una ilusión común, o al corazón de una persona. Y cuando donde nos encontramos empezamos a notar que no estamos a gusto, o simplemente no todo lo felices que nos gustaría, entonces es cuando queremos viajar lejos, salir de donde estamos (¿para siempre, un año, varios meses?) y probar cosas nuevas. La vida es larga si tenemos suerte, y muchas veces para saber qué es lo que nos gusta realmente, debemos probarlo; así sabremos si es lo que queríamos y nos sirve, o habíamos idealizado en exceso. A veces el deseo de viajar es tan grande, que no necesitamos mucho para llenar nuestra maleta y cambiar nuestro rumbo.

 

Sonreír siempre que se pueda, coleccionar momentos, rodearse, hacer las pequeñas cosas que nos gusta… Vale que la felicidad no se encuentra fácilmente, pero al menos… podemos invocarla.

 

Aunque quizás la respuesta a cuándo se es feliz, es que se es feliz cuando no es necesario preguntárselo nunca. Entonces, es que vamos por el buen camino. Porque vamos por el sendero correcto con los ojos tapados, y no nos importa el resto, sabemos que ése es el camino, aunque a veces llueva; porque debe haber contrastes. Esa es la verdadera magia.

 

 

Revolución democrática

11 Ene

Cada día que pasa, siento más desconfianza en el sistema político actual de España. Mayor corrupción, mayores mentiras, mayor descaro… y menor libertad, menor poder adquisitivo, y menor participación.

Ha llegado un momento, en el que cuando sale una noticia relacionada con que un político ha robado (dicho de otra forma, “ha malversado”), a nadie le asombra. Es más, si no es una cantidad bastante grande, resulta incluso normal. La desconfianza en los políticos abarca tanto a los que tienen el poder, como a los que tratan de hacerse con él. Ya apenas queda gente en la que creer, gente que cuando tenga un mínimo de poder, no deje sus principios a un lado para recibir favores, o conseguir apoyo de diferentes sectores.

El poder judicial comienza a ser descaradamente partidista en algunos casos, y en otros, como en el ámbito de Internet, empieza a no pintar absolutamente nada desde que unas peculiares leyes les quitan importancia, y se la dan a otros sectores.

Empezamos a llegar al todo vale, y el asombro por ver como culpables de delitos están en la calle, porque han retorcido la justicia hasta convertirla en algo moldeable a su favor, resulta patético.

Muchas veces me pregunto en mi vida sobre el límite de las cosas. Cuándo algo deja de ser justo y se convierte en injusto. Cuándo el bueno se convierte en malo. Cuándo los favores se convierten en oscuros negocios.

¿Hacia dónde vamos? ¿Acaso nuestro voto legitima que una serie de personas hagan lo que quieran, a pesar de contar con la negativa de muchos? ¿O que el que yo no haya votado a alguien, implica que ése no tenga razón en ciertos aspectos? En todo caso, ¿dónde está el límite entre el buen uso del poder y el abuso del mismo? ¿Las votaciones se hacen pensado en el bien común; o solo pensando en cómo rentabilizar, ya sea con dinero o apoyos aquella parcela de poder que unos pobres incautos han entregado? No solo me refiero a los que gobiernan países, sino ciudades, municipios o pueblos.

Democracia, bonita palabra. Pero como dijo un sabio; la democracia sólo parece adecuada para un país muy pequeño. Cuando es grande, hay muchas personas, opiniones, dinero… y poder.

¿Dónde ha ido a parar la coherencia? ¿El premio Nobel de la Paz lo tiene Obama y no lo tiene Gandhi? ¿Dónde está el límite de la cordura?

En fin, hasta aquí esta breve ida de olla.