Un poco de cordura

5 Nov

El Tribunal de Estrasburgo ha sentenciado que la presencia de crucifijos en las aulas, es una violación de los derechos de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones, y de la libertad de religión de los alumnos.

Como persona no-creyente en cosas de esas (me sigue molando más el Unicornio Rosa Invisible), me alegro de que por fin la justicia vaya tomando posturas lógicas en este tipo de asuntos.

Cada uno que crea en lo que quiera, pero sin que su libertad de creencia y expresión atente contra la mía. Así que los crucifijos de escuelas, ayuntamientos y demás lugares públicos (y de la administración), todos a la iglesia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *