Leyendo en varios lugares

27 Oct

Hoy terminé otro libro más. En esta ocasión era Kafka en la orilla, de Haruki Murakami; es el tercero suyo que leo y al menos me queda otro famoso suyo por devorar. He seguido sin tener mucho tiempo para escribir, pero como siempre, dejaré alguna reseña de éste y los demás que he ido leyendo en estas semanas. No son libros de los que puedas enmarcar frases bonitas, son, extraños/especiales.

—Cada uno de nosotros sigue perdiendo algo muy preciado —dice cuando el teléfono deja de sonar—. Oportunidades importantes, posibilidades, sentimientos que no podrán recuperarse jamás. Esto es parte de lo que significa estar vivo. Pero dentro de nuestra cabeza, porque creo que es ahí donde debe de estar, hay un pequeño cuarto donde vamos dejando todo esto en forma de recuerdos. Seguro que es algo parecido a las estanterías de esta biblioteca. Y nosotros, para localizar dónde se esconde algo de nuestro corazón, tenemos que ir haciendo siempre fichas catalográficas. Hay que limpiar, ventilar la habitación, cambiar el agua de los jarrones de flores. Dicho de otro modo, tú deberás vivir hasta el fin de tus días en tu propia biblioteca.

También he recordado muchas cosas. Y he leído algunas conversaciones de hace muchos meses y he sentido de nuevo. Leernos a nosotros mismos cuando habíamos escrito desde el corazón, es indescriptible. Espero que algún día sea capaz de volver a escribir bonito, alegre… Para mí y para alguien.

Retales de heridas

19 Oct

Ando algo ocupado últimamente y no he podido escribir por aquí todo lo que querría, las palabras que me vienen con facilidad. De entre retales de cosas que he leído, me quedo con estos dos:

Muchas veces, las heridas son el único recuerdo que nos queda de alguien y quizá sea esa la razón por la cual decidí no cerrarla nunca.

 

Nos vemos cuando el destino tenga ganas de juntarnos, mientras cuídate y sé feliz.

 

Esto es una mezcla de momentos y personas. Y que el otoño se va acercando, ¿no lo sentís bien dentro de vosotros en cada tarde de domingo? ¿En los abrazos que añoráis o en las heridas que no queréis terminar de curar? Ojalá alguien os dé el calor que necesitéis para afrontar un invierno helado. Que alguien proporcione leña a vuestro corazón.

Convertir los sentimientos en matemáticas

13 Oct

Yo pienso que convertir los sentimientos en matemáticas es realmente algo muy complicado y muy hermoso. La tarea, la tarea del arte es ésa, es transformar, digamos lo que nos ocurre continuamente, transformar todo eso en símbolos, transformarlo en música, transformarlo en algo que pueda perdurar en la memoria de los hombres. Es nuestro deber ése, tenemos que cumplir con él, si no nos sentimos muy desdichados.

Borges.

Saudade

12 Oct

Hace bastantes entradas atrás, hablé de 日三秋, una supuesta expresión china que se usa cuando se echa de menos a alguien. Traducida, viene a significar que en esos momentos, un día dura tres otoños.

Leyendo hace no mucho, oí hablar de “saudade”, una palabra peculiar sin aparente traducción al castellano, que viene del portugués. Se usa para describir una especie de sentimiento de melancolía y soledad, que proviene de la pérdida de algo que se tuvo y por algún motivo ya no se tiene.

Podríamos decir que saudade es cuando has tenido algo y ya no lo tienes o está lejos, física o temporalmente. Cuando echas de menos a una persona a la que has tenido en tu vida y ya no está; ya sea a tu lado, porque esté con otra persona, o porque no tienes el contacto que tenías.

Un autor (Mario Palmeiro) escribió esto de saudade:

Si insistes en saber, lo que es saudade,
tendrás que antes de todo, conocer,
sentir lo que es querer, lo que es ternura,
tener por siempre un puro amor, vivir.

Después comprenderás lo que es saudade.
Después que hayas perdido aquel amor.
Saudade es soledad, melancolía,
es lejanía, es recordar, sufrir.

Por tanto, saudade es echar de menos, añorar, tener nostalgia, extrañar… Sentir el otoño o el invierno en el corazón. Notar que la lluvia no solo cala la ropa, sino que también el alma.

Hace meses, soy saudade.

Sentados en tu portal

9 Oct

Aún recuerdo, cuando sentados en tu portal, dejabas caer tu cabeza sobre mi hombro. Te habías terminado de fumar otro cigarro y confesabas que te encantaba posarte sobre mí y que mi voz acariciara tus oídos, porque te aportaba paz y tranquilidad; la que no tenías ni tuviste en tu vida. A mí me hacías sentir útil y querido, me dabas la vida que siempre me faltó y ahora añoro.

Entre el humo de cigarros, confesiones y “me encanta agarrarte el pelo”; bromas, juegos y “vas a morir solo”. Te subías al escalón “para estar a la altura de las circunstancias”, aunque siempre estuviste muy por encima de todas; dentro de ti nunca cupo toda la riqueza que atesorabas, por eso salía con tanta facilidad a través de tus labios, tus ojos, tu sonrisa.

Quizás por ver tus ojos volverse verdes, a veces discutíamos y nos odiábamos solo un ratito, rabiábamos. Pero nos queríamos. Y yo sí te quería, aunque no pares de repetir lo contrario. Cada minuto feliz contigo era puro oro. De frente o de perfil, yo era mucho más contigo. De hecho, sin ti me he vuelto nada.

Nunca dije que habíamos terminado para siempre. No. Está claro que yo tuve la culpa y tomé la decisión que vi correcta dadas las circunstancias. Pero la frase que repetí esas dos horas, que es de lo poco que puedo afirmar con seguridad, es “ahora no podemos estar juntos, no en este momento”. Y pensé que tú sentías lo mismo, porque llevábamos caminando al borde del abismo desde hacía semanas. Ahora juego con la ventaja que da el estar en el futuro de ese momento; tengo la perspectiva, el tiempo, las ganas y el amor desproporcionado del que carecía ese día; lo he tenido todo durante los meses en los que las lágrimas se paseaban con total libertad por el rostro del perro verde.

Lo queremos todo y queremos estar en todas partes, ignorando que estar en todos lados es la mejor forma de no estar en ningún sitio. La omnipresencia es la forma más sutil de ausencia que la soledad conoce.

Hasta paseando me encuentro con frases como la anterior, qué fácil se ve todo ahora, pero las circunstancias han sido las que fueron, de otro modo no sería éste el desenlace. Tiempo, ganas, mente y salud. Y fui a faltar cuando hubiese sido más necesario. Fui a darme cuenta de todo, en todos los ámbitos, demasiado tarde.

Dejo que 日三秋 y saudade me calen. Me da pena que todo lo que siento se vaya consumiendo en la hoguera, donde cada día una pequeña gota va lentamente apagando el fuego. Aunque trato de no sentirte, una parte de mí se resiste con todas sus fuerzas y siempre gana. Es el tercer mes y aún se ve la humareda en mis ojos, mis palabras, mis noches y mis domingos. Yo sí te quise, me despierto murmurando. Y 3 meses no lo cambiaron.

Un día borré todas las frases que durante años tuve en otra página. Me arrepiento también de ello; por suerte eso tiene alguna solución, no como algunos de los cabos sueltos con los que tropiezo por el camino cuando cada noche vuelvo solo a casa, o que me atrapan en unas sábanas frías. Los errores, cuándo aprenderé de los errores, me repito mientras me levanto de la cama.

Mientras, camino sin rumbo. Esperando no sé muy bien a qué, a quién. Ya lo decía Fito en el concierto:

Tengo algo amargo para cada día, tengo un final para cada verano; tengo una esquina junto a mi rodilla, tengo el problema para el resultado.

Soy el autor de mis heridas, qué me importa si es mentira la verdad es que me hacen daño. Si el corazón se te hace migas, la tristeza cada día, viene y come de tu mano.
Y escribo, porque es la forma de sacar los demonios de mi cabeza. En el fondo esto es lo que ha sido siempre este humilde sitio, un lugar para conspirar.