Más de One Tree Hill

21 Ago

“Los arrepentimientos vienen en todas las formas y tamaños:
Algunos son pequeños…


… como cuando haces algo malo por una buena razón.
Algunos más grandes...


… como cuando decepcionamos a un amigo.
Algunos de nosotros escapamos del dolor del remordimiento…


… haciendo la elección correcta.
Algunos de nosotros tenemos poco tiempo para arrepentirnos…


… porque estamos mirando hacia el futuro.
Algunas veces tenemos que luchar para hacer las paces con el pasado.
Y algunas veces enterramos nuestro arrepentimiento…


… prometiendo cambiar.


Pero nuestros arrepentimientos más grandes…
… no son por las cosas que hemos hecho…
… sino por las que no hicimos…
… cosas que no dijimos…
… que pueden salvar a alguien por quien te preocupas.
Especialmente cuando puedes ver la oscura piedra que se interpone en su camino.”

One thought on “Más de One Tree Hill

  1. Había una vez, en un lugar y en un tiempo que podría ser cualquiera, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos. Todo era alegría en el jardín, excepto un árbol, que estaba profundamente triste. El pobre tenía un problema: no sabía quién era. El manzano le decía: “Lo que te falta es concentración, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas, es muy fácil”. El rosal le decía: “No le escuches. Es más sencillo tener rosas, y son más bonitas”. El pobre árbol, desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, pero como no lograba ser como los demás se sentía cada vez más frustrado. Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó: “No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas. Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior.” Y dicho esto, el búho desapareció. ¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? Se preguntaba el árbol desesperado. Entonces, de pronto, comprendió. Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole: “Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso, dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje. Tienes una misión, cúmplela. Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

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