Los peros no sirven

31 Jul

Una vez más apareció junto a él. Llevaba ya dos semanas haciéndolo, pero era la primera vez que lo hacía con gesto enfadado. Estaba molesto, y quizás le había dado motivos para ello. Apartó la vista, puesto que su gesto serio de poco le servía ahora. Sus ojos se detuvieron en el calendario. Era domingo y nuevamente se hacía tarde, como desde hacía muchos meses; tantos, que le costaba desplazarse al año anterior, cuando comenzó todo. Repasó mentalmente lo sucedido durante la semana: curiosamente el resultado era impecable. Pero él estaba allí. Por eso recordó la frase de “nada de lo que hay delante de un pero sirve para algo”. Conocía lo que venía detrás del pero, por lo que “impecable” no servía de nada. Como no se atrevía a mirarle a los ojos, dejó escapar unas palabras con la esperanza de que se fuera con su cara enfadada a otra parte: “Sé lo que me vas a decir, ahórratelo”. La respuesta antes de que se marchara fue concisa: “Entonces eso me basta para que me vaya.”

Cuando levantó la vista, tal y como se imaginaba, ya no estaba. Contó con los dedos de las manos cuántos meses habían pasado, aunque ya conocía el resultado. Eliminó una vez más el correo que estaba entre los borradores. Suspiró resignado. Había ido realizando tantas pequeñas cosas a priori irrelevantes, que aún se sorprendía de que el tiempo no cumpliese su cometido. Precisamente era eso lo que le preocupaba, había ido atando muchos cabos sueltos que años atrás dejó pendientes, pero aún así, no era suficiente. Había aprendido el valor del tiempo, las palabras, los gestos… Y sin embargo, había tenido que recurrir a llamarse al futuro, para que se diese consejos a sí mismo. Dos semanas repitiendo las mismas palabras: “Debes parar, y lo sabes”. Se secó el alma tirando de orgullo. Pulsó el botón de publicar, a sabiendas que era la nada, y dejó que el domingo le atrapara una vez más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *