La situación político-social actual

10 May

He pasado por Menéame, y se me han clavado los ojos en 2 comentarios sobre una triste noticia de un padre de familia pidiendo que alguien le pagase en el supermercado los 4 euros en leche, tomate y macarrones, porque no tenía para pagar. Reflejan lo que muchos pensamos, y hemos sido tachados de pesimistas o alarmistas.

A veces pienso que a mala hora conocí Meneame, que a mala hora se me ocurrió interesarme por la política real, la del día a día, la de los recortes y los rescates bancarios.
Hay momentos en los que me gustaría ser la persona más idiota en este puto país de idiotas.
Seguro que sería más feliz y me ahorraba mil disgustos, pero ya es tarde.

 

Es como el inocente cuento de la rana hervida
¿Lo cuento? Ahí va:

“Imagínense una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable, y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.
Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más. Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cazuela.
Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto.”

 

Poco a poco, derecho a derecho, recorte a recorte, nos hemos convertido en dueños de los demás, y hemos dejado de tener el poder de elección sobre las cosas que nos atañen. Nos empobrecemos a pasos agigantados mientras una clase de ricos, poderosos y políticos, se blinda mientras sigue robándonos poco a poco. No tenemos donde elegir, y si democráticamente pudiésemos, la nueva opción sería eliminada de un plumazo.

Hemos llegado al punto de que protestar delante de un edificio y quemar unos papeles puede hacer que pases 4 años en la cárcel, y sin embargo, que un multimillonario haya provocado un agujero económico enorme para enriquecerse él y sus amigos, queda en nada; siendo el dinero de los verdaderos trabajadores, de la clase baja, la que pague el desfalco, mientras ellos nadarán entre billetes en busca de un nuevo pelotazo.

Donde la policía se ha convertido un instrumento que no piensa (¿alguna vez lo hizo?), simplemente obedece órdenes sin plantearse si son justas o no, perdiendo toda moralidad y hasta matando de forma impune, mientras que cualquier insulto contra ellos puede acabar bastante mal. Se ha perdido de vista el por qué, por ejemplo, algunas dictaduras triunfaron a pesar de su crueldad: el no plantearse si algo es ético o no, sino simplemente acatar las órdenes de “arriba” porque son lo correcto; creando una cadena en la que si bien la ética hace pensar que es horrible, dichos pensamientos se diluyen en un mar de órdenes de “es lo mejor para todos”, “ellos saben más que yo y por tanto lo que dicen será lo mejor”.

La justicia y la moralidad están corrompidas hasta la raíz, y mediante indultos y “no lo volveré a hacer” se permiten barbaridades. Pero sólo la clase baja, y la que antes fue media, es la que sufre. Mientras la venta de productos de lujo sube, cada vez resulta más común ver gente rebuscando en la basura, llorando o poniendo fin a una existencia marcada por la mala fortuna, alentada por una clase de privilegiados, que se ha olvidado de lo que ellos son: personas.

¿Dónde están la ética y moral? ¿Dónde está el freno de esta corrupción? “El vecino está peor”. Sí. Pero tu vecino también dijo eso unos meses antes de llegar a una situación irreversible. Basta.

5 thoughts on “La situación político-social actual

  1. Ha llegado un momento en el que parece que la violencia va a ser el único camino para que los más poderosos sientan en sus carnes el dolor que producen al resto de la gente…

    No hay justicia, ni dignidad, ni moral; si es que en algún momento las hubo. Pero siempre hay esperanza 🙂

  2. Bien, Diego, no son los temas más habituales por aquí, pero me ha gustado.
    El cuento de la rana es perfecto para explicar cómo nos van minando poco a poco y… sí la situación de engaño actual.
    Me parece lamentable que aún nadie haya hecho nada (sólo llegamos a manifestarnos muy pacíficamente) y que siga habiendo tanta gente que le baila el agua a los políticos y gobernantes (los sindicatos, por ejemplo) en lugar de luchar por los derechos de todos, que también son los suyos.
    Aunque para temas como éstos se me supone agorero, tengo la esperanza, el sueño, de que un día alguien se levante, de un golpe estruendoso y comience a hacerse algo que cambie el panorama y el sistema mismo. Soñar es gratis, y gratis quedan pocas “cosas”.

    Un gran abrazo.

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