La paradójica altura

10 Ago

Hacía mucho que no me pasaba por aquí tan a menudo. Que no sentía tanta facilidad para dar rienda suelta a mis palabras sin límite alguno. Sé, porque en algo sí me voy conociendo, que solo escribo bonito cuando estoy triste. No necesariamente cuando estoy muy mal, basta que la añoranza o la melancolía me azoten con fuerza. O que la conciencia se quite la mordaza para iniciar una conversación sin fin.

Quizás ahora todo se reduce a 日三秋. He pasado por borradores, imágenes y correos de hace años atrás tras sacudirme el corazón con lo más reciente, como si no tuviese suficiente. He visto patrones, consejos, errores y reacciones. Me he visto definido por los mismos actos y consecuencias una y otra vez. Muchas de ellas, cuando la razón, a la que siempre doy el mayor peso, cae a plomo a manos de los sentimientos en una lucha sin cuartel ni aviso previo.

¿Por qué? Porque quizás en esta ocasión, ver en una foto una sonrisa preciosa en una cara radiante, me haya hecho pensar que fallé al no saber conservarla como un tesoro. Permití que se fuese diluyendo en un mar de errores, roces y tonterías. Y eso, terminó por llevar todo a un estúpido precipicio, y no a uno cualquiera, al mismo de meses anteriores. Porque quizás sea verdad lo que me dijeron hace un tiempo, lo paradójico de mi altura y falta de perspectiva cuando los sentimientos se desbocan. O quizás simplemente soy frío y los sentimientos me llegan descompasados. Y cuando lo hacen, ya simplemente no sé qué es lo que quiero, porque la cordura, harta de esperar, decidió marcharse en busca de un sitio mejor.

No recordaba esta necesidad de huir tan acuciante. Me hace recordar a 1Q84:

– Me dijiste que pensabas irte lejos de aquí. ¿Muy lejos?
– A una distancia que no puede medirse con números.
– Como la distancia que separa los corazones de las personas.

 

 

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