Infinitos inconmensurables

6 Sep

Se supone que es imposible medir lo inconmensurable; aunque también a veces lo que parece sencillo de medir, puede tornarse en una tarea ardua. Incluso comparar, porque los matices son muchos y los puntos de vista de también. Así que a veces, cuando algo parece inabarcable, recurrimos al “infinito”.

¿Puede llegar a sentirse como infinitamente triste el que una persona ya no esté a tu lado? ¿Se puede echar “infinito de menos” a alguien? ¿Es infinito el sentimiento de vacío que en ocasiones se siente? Quién sabe. Hay veces que parece que conocemos ese infinito y de repente nos encontramos con algunos días en nuestra vida en los que parece que el supuesto infinito podría ser infinito más uno.

También nos gusta exagerar. Cuando son seis o siete cosas redondeamos con gracia hasta diez. Llegamos a mil siendo seiscientos. A veces cuando es mucho decimos que es infinito. Algo parecido pasa con el tiempo, como la expresión china que parece decir que cuando echas mucho de menos a alguien, entonces un día dura tres otoños.

Y es que hay cosas claras. Que tus abrazos son infinitos. Que la línea de tu sonrisa también lo es. Que tu alegría y ganas de vivir no tienen límite. Que la fuerza de atracción de tus labios es infinita y no tiene escapatoria; como toda tú. Que las penas a tu lado no lo son. Que tus besos eran infinitos. Que tu mano agarrando mi pelo podía detener el tiempo. Que todo es infinitamente extraño ahora. Que te extraño ahora. Que te extraño. Que extraño.

Extraño de tu cuerpo soy, e infinito es el arrepentimiento y desconocimiento de los por qué que podrían recorrer cada centímetro de tu cuerpo; envolviendo la delicada piel que cubre el tesoro que eres.

—Hablando en serio, ¿ella qué perdió? Sólo un estúpido que no la supo amar. Pero tú amigo, tú lo perdiste todo.

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