Es lo que hacemos…

18 Ago

Todos creemos conocernos bien, mejor que nadie. Por mucho tiempo que alguien lleve a nuestro lado, siempre habrá algunas cosas que opinen de nosotros que nos harán pensar: “realmente no me conoce del todo, yo no soy/actuaría así”. Amigos, familia… da igual, puede que en ocasiones llevemos razón, pero sería engañarnos si creemos que todo lo que nos dicen está equivocado.

Es muy diferente la imagen que tenemos de nosotros mismos, lo que proyectamos y lo que realmente somos en realidad. En cierto modo se asemeja a lo que sucede cuando hablamos con alguien: pensamos una cosa, decimos algo que se parece y la persona que nos escucha puede entender algo radicalmente diferente a lo que queríamos, o perder matices que marcan la diferencia.

Con el paso del tiempo la mayor parte de la gente termina por comprender cómo es y ahí llega el momento de estar a gusto con ello, tratar de cambiarlo para mejor, o por qué no, seguirlo negando hasta que en el momento más inesperado la realidad nos estalle en la cara. Por eso es importante estar rodeados de personas que estén dispuestas a decirnos lo bueno y lo malo con sinceridad, porque es así como podemos “aprendernos” mejor.

Como en todo, habrá cosas que nos resulten agradables y otras que por el contrario hagan que frunzamos el ceño, quizás porque era algo de nuestra personalidad que considerábamos enterrado o mejorado. Y es que a la hora de pensar e imaginar, o ponernos en pequeñas encrucijadas morales, siempre cogemos la opción “correcta”. Pero… ¿a la hora de la verdad haríamos lo mismo? ¿Los sentimientos no nos jugarían una mala pasada? ¿Acaso no distorsionamos la realidad para que se parezca a lo que nosotros queremos y que nuestros argumentos sean los correctos? O por contra, puede que la razón tenga un papel tan predominante que nos olvidemos no solo de cómo nos sentimos en realidad, sino cómo otras personas se sienten con lo que hacemos. ¿Creemos que nosotros no hacemos daño sin querer? ¿Que el resto de la gente piensa que actuamos de la mejor forma posible?

Por esos motivos, es lo que hacemos y no lo que creemos que haríamos, lo que verdaderamente nos define. Y no debemos tenerle miedo a ello, porque en nuestras manos está el aceptarlo y cambiarlo.

Lo que nos define

 

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