Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo

9 Ene

¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?

Que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo.
Que nadie establece normas salvo la vida.
Que la vida sin ciertas normas pierde forma.
Que la forma no se pierde con abrirnos.
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente.
Que no está prohibido amar.
Que también se puede odiar.
Que el odio y el amor son afectos.

Que la agresión porque sí hiere mucho.
Que las heridas se cierran.
Que las puertas no deben cerrarse.
Que la mayor puerta es el afecto.
Que los afectos nos definen.
Que definirse no es remar contra la corriente.
Que no cuánto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja.
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio.
Que negar palabras es abrir distancias.
Que encontrarse es muy hermoso.
Que el sexo forma parte de la vida.
Que la vida parte del sexo.
Que el porqué de los niños tiene un porqué.
Que querer saber de alguien no es sólo curiosidad.
Que saber todo de todos es curiosidad malsana.
Que nunca está de más agradecer.
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo.
Que nadie quiere estar solo.
Que para no estar solo hay que dar.

Que para dar debimos recibir antes.
Que para que nos den también hay que saber cómo pedir.
Que saber pedir no es regalarse.
Que regalarse en definitiva es no quererse.
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos.
Que para que alguien sea hay que ayudarlo.
Que ayudar es poder alentar y apoyar.
Que adular no es ayudar.
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara.
Que las cosas cara a cara son honestas.
Que nadie es honesto porque no robe.
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo.
Que para sentir la vida, no hay que olvidarse que existe la muerte.
Que se puede estar muerto en vida.
Que se siente con el cuerpo y la mente.
Que con los oídos se escucha.

Que cuesta ser sensible y no herirse.
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos, levantamos muros.
Que quien siembra muros, no recoge nada.
Que casi todos somos albañiles de muros.
Que sería mejor construir puentes.
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve.
Que volver no implica retroceder.
Que retroceder también puede ser avanzar.
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol.

Mario Benedetti

 

 

Muros, puertas cerradas, muros más altos… Todos los hemos hecho, lo hacemos o lo seguiremos haciendo. Para separarnos del resto del mundo, para evitar que otras personas puedan influirnos, afectarnos, acercarse, tocar donde otros tocaron; o simplemente que tengan la llave para llegar lo suficientemente dentro como para dar las más profundas alegrías o las más dolorosas decepciones. Unos son visibles, otros no tantos. Los hay construidos con lágrimas y dolor. Otros simplemente por la apatía con el mundo. ¿Destruírlos y crear puentes? Sin duda sería lo mejor, pero seamos realistas, quizás habría que entender por qué se hicieron. Su propósito, su razón.

Maldigo los muros que he puesto. Y aquellos ajenos por los que he intentado escalar una y otra vez, de los que he caído mil y una veces mientras que otros podían pasar por la puerta sin rasguños. Pero es cuestión de decisiones, de escoger hasta dónde llegar, hasta dónde merece la pena todo. De cómo somos. De quiénes fuimos. De a dónde iremos.

Dadme tiempo.

4 thoughts on “Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo

  1. Quizás hay que quedarse con lo básico: “siempre hay tiempo”.
    A pesar de los muros, propios o ajenos. Y de las decepciones, incluso de las más dolorosas.
    Posiblemente suene a ingenuidad (seguramente yo sea ingenua) pero creo que el final feliz llega. El problema es que, cuando queremos algo, lo queremos ya. Y cómo sufrimos esperando, no?
    Abrazos

    • Siempre hay tiempo para todo y para todos, de forma justa y equitativa. Aunque por desgracia algunos tenemos más necesidades de los que otros pueden apreciar. Pero jeroglíficos aparte, yo también confío en los finales felices. En el karma (si haces bien a los demás, tendrás bien). Aunque a veces nos lo saltamos porque sufrimos mucho más de lo que otras personas pueden llegar a entender. Ya sea por nimiedades o cosas gordas, todos tenemos una cabecita y sentimientos muy especiales.

      Nadie quiere sufrir esperando, porque no sabemos de cuánto tiempo disponemos por aquí. Quizás cuando por fin estás haciendo lo que deseabas, o cuando la vida te sonríe tras años a tortas, se acaba todo. Esa lección la aprendí con el fallecimiento de mi tía, y duele.

      Ojalá todos nos pudiésemos entender, pero a veces resulta imposible ni tan siquiera pararse a hablar. Y luego vuelven los muros.

      En fin, me alegro de escuchar los pasitos de Mafalda por el blog, y por Moraleja, Cáceres, el gimnasio… :p Un besote grande.

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