Escuchar unas palabras y leer en los ojos lo contrario

16 Ago

Tras un buen rato hablando, se hacía evidente que llegaba el momento de dejar los temas triviales a un lado, para dar paso a algo más importante antes de despedirse. No era el momento de dar rodeos. Así que ambos establecieron una conversación sincera con el otro, mirándose a los ojos y abriendo sus corazones. Ella tomó la iniciativa y no dudó en expresar todo lo que pensaba. Probablemente él pocas veces se encontraría con una persona que fuese tan sincera y clara, pero… no. Se sentía completa e infinitamente perdido. ¿Cómo era posible si todo estaba tan claro? ¿Por qué le surgían dudas ante palabras tan esclarecedoras y sencillas? Lo comprendió de golpe: había dividido su atención en dos, una parte para lo que sus oídos le decían y otra para lo que sus ojos captaban. Y esas partes se contradecían. Se centró aún más en ella a riesgo de quedar hipnotizado por su precioso rostro y su dulce voz. Sus labios decían negro pero sus ojos destilaban blanco. Su boca negaba pero, sus pupilas inquietas se dirigían constantemente a sus labios. Fue de esas pocas veces en las que vio una lucha tan grande entre razón y corazón en otra persona.

Ante una situación así no supo cómo reaccionar. ¿Ser cauto una vez más? ¿O arriesgarse y ser egoísta? El tiempo una vez más le diría en un futuro próximo cuál sería la opción correcta, pero no sabía qué hacer en aquel instante. No sabía cómo decirle a la otra persona que entendía todo lo que sus labios iban desprendiendo, pero que sus ojos decían justo lo contrario. Si fuese ciego, tendría claro que ella negaba. Si fuese sordo, sus ojos leerían en sus expresiones que asentía. Ella no era consciente de lo que estaba expresando: un sí y no a la vez, el día y la noche, el blanco y el negro. Una vez más, él optó por lo… ¿fácil? Un portazo y unas lágrimas que asomaban por sus ojos le convertían de nuevo en el chico que repetía un mismo error: hacer caso a la cabeza, en vez de al corazón. Y mientras caminaba, supo desde ese mismo instante, que ese error le perseguiría durante mucho tiempo.

 

Premios Darwin 2011

11 Ene

(Ojo, las personas sensibles es mejor que no lean este artículo, ya que estos premios resultan sumamente ofensivos y su humor negro raya lo inhumano. Este blog no tiene nada que ver con dichos premios y simplemente “traduce” la web original)

¡Ya está aquí el ganador! Desde hace unos días ya sabemos quién es el vencedor en los Premios Darwin 2011. La verdad es que el año anterior la cosa estuvo muy reñida y hubo candidatos que podían pasar a la posteridad, pero como ya sabéis, solo uno puede llevarse la gloria en estos premios. Por si no lo recordáis bien, son candidatos a los Premios Darwin todos aquellos que han sufrido una muerte estúpida y no han dejado descendencia; por lo que gracias a la teoría de la evolución sus genes se irán y tendremos una humanidad menos estúpida (sí, podría ser mucho peor). Y sin más dilación…

El ganador de los Premios Darwin 2011 no es tan espectacular como otros años, pero su nombre en inglés mola: Planking spanking. Empecemos por el principio, ¿qué es el planking? Pues es simplemente “hacer la tabla”, estando tumbado boca abajo en un sitio original y divertido. Los brazos deben estar pegados al cuerpo, y alguien debe inmortalizar el momento con una cámara. Hay quien lo hace en las vías del tren, tendederos… El ganador de este año ha sido especialmente inteligente, y decidió hacer el planking sobre la barandilla de la terraza de su casa. Sin tener en cuenta que obviar la leyes de la física no suele acabar bien, procedió a hacerlo y… acabó en el suelo bastantes metros más abajo de donde estaba. Por inconsciente y mal ejemplo, es el ganador de los Premios Darwin 2011.

Además, este año se concedió el premio Darwin del siglo a un viejo conocido de estos galardones (y quizás el más doloroso al estar grabado y por la situación), el señor en silla de ruedas que de forma inexplicable empezó a envestir a la puerta del ascensor cuando no estaba y cayó por el agujero. Aún no se sabe exactamente el porqué de esta actitud, ya que se suponía que era consciente de lo que iba a pasar.