The 3 C’s

23 Jul

A veces la tristeza, la soledad o cualquier otro oscuro pasajero, se sienta a nuestro lado. No necesita un motivo claro para ello y mucho menos una invitación.

Puede ser que hace poco la ilusión y alegría iluminaran todo a nuestro alrededor, y que ahora, cuando algún nubarrón cruza el cielo y llega la oscuridad, repentinamente nos encontramos con viejos fantasmas y monstruos contra los que no estamos preparados para luchar.

¿Cómo cerrar las heridas que hace años parecían estar cerradas? ¿Cómo poner fin a sentimientos tristes que nos restan energía para seguir con nuestro camino? ¿Cómo continuar por la senda adecuada cuando parece que ninguna nos lleva a nuestro destino… si es que acaso sabemos lo que queremos?

Podemos coger las piedras que encontremos en el camino y lanzárselas sin parar a los que parecen provocarlas. O emprender una eterna huida a ninguna parte. O por qué no, echarle la culpa a los demás, al mundo, a nuestra maldita suerte. Pero en algún momento nos cansaremos y seremos conscientes de que no es la solución. Hay quien toma esta salida y la convierte en su forma de vivir. Otros se habitúan a vivir en la oscuridad, esperando a que algún día la luz vuelva por sí sola. Por suerte la mayoría lucha y trata de seguir avanzando en la oscuridad.

Yo prefiero aislarme durante un corto espacio de tiempo. Cerrar los ojos y ver qué es lo que está devorando mis alas. Intento reconciliarme conmigo mismo. Reconozco que me equivoco y caigo, porque difícilmente podré mirar a los demás si antes no admito que tengo mil y un defectos. Miro a la tristeza a los ojos, con la calma de aquél que sabe que en algún momento, con esfuerzo, podrá revertir la situación.

Pero también uso los buenos recuerdos. Aquellas cosas que alguna vez me hicieron feliz y me permitieron seguir adelante o sonreír más de lo que acostumbraba. Los amuletos que me acompañaron en momentos duros y que me recuerdan que tras la tormenta siempre vino la calma. Recuerdo las melodías que me animaban. Pienso en lo que me diría la gente que conozco y me aprecia.

Porque todos tenemos días mejores y peores. Sueños que no se han cumplido y otros por realizar. Luces y sombras. Altos y bajos. Porque precisamente estos altibajos son los que hacen que la vida merezca la pena. Porque elegir, equivocarnos y acertar, es lo que nos hace mejores.