¿Cómo se imagina el futuro, Adèle?

10 May
– ¿Cómo se imagina el futuro, Adèle?
– No lo he pensado… Cuando era pequeña sólo deseaba una cosa: crecer. Quería que sucediera deprisa. Pero ahora no sé para qué ha servido todo esto. No sé para qué. Hacerme mayor… El futuro es como una sala de espera, como una gran estación con bancos y corrientes de aire. Y detrás de los cristales un montón de gente que pasa corriendo, sin verme. Tienen prisa. Cogen trenes o taxis. Tienen un sitio a donde ir, alguien con quien encontrarse. Y yo me quedo sentada, esperando.
– ¿Qué espera, Adèle?
– Que me ocurra algo.
(La chica del puente)

¿Y el 2014?

31 Dic

Se va otro año y toca hacer un repaso rápido de todo lo que ha pasado. Desde luego que por el blog bien poco, apenas alguna entrada solitaria recuerda que por aquí hubo vida, es más; el blog de citas y frases que iba a la par de éste toco a su fin, un proyecto bonito pero que por falta de tiempo dejó de tener sentido hace mucho.

Como siempre, me gusta leer qué es lo que le pedía el año anterior a éste que toca a su fin. Leer salud me produce una sonrisa agridulce, nuevamente no ha sido el mejor año. Recuperado hasta donde se puede de la fractura del año pasado, la deshidratación del verano y los fantasmas de la enfermedad que tuve hace 10 años y han vuelto recientemente, dejan el deseo en que el año que viene todo vaya mejor, al menos a partir de la segunda mitad.

¿Viajes? Pocos, pero divertidos. Este año solo por Puerto de Béjar (Montemayor del Río), Torremenga y Ayamonte. La lista de sitios por visitar y viajes pendientes cada vez se hace más larga así que habrá que intentar que el año que viene se adelante un poco, aunque parece complicado. ¿Y por qué? Por trabajo. Por suerte en 2014 tocó volver a sentirse útil en un buen ambiente y con condiciones realmente agradables. Quizás muchas horas, pero no hay queja.

La vuelta al hobby del baloncesto como jugador dejando a un lado la faceta de entrenador también fue motivo de alegría (sin desmerecer la divertida etapa de dirigir, pero el gusanillo de jugar no se puede quitar).

Este año además sirvió para terminar el Máster que estaba estudiando y que tanto tiempo robó. En un solo curso lectivo y mientras me sacaba inglés y trabajaba. Han sido muchos sacrificios, quizás demasiados pero ahí está. Menos tiempo para repartir entre un montón de personas a la que al final no les he dedicado el tiempo que merecían.

Y lo último lo mejor. Estar acompañado por una persona durante prácticamente todo el año, capaz de aguantar todas las taras que 28 años de tonterías me han dejado en la cabeza. Hacerlo con una sonrisa y alegrar y querer a ese pequeño corazón de piedra que me había quedado. Sí, el año de la antorcha olímpica que me hizo volver a sentir. Que no se apague.

¿2015? Salud, mucha. Más viajes y tiempo, lo que sin duda más ha faltado. También paz, por lo que pueda pasar. Feliz año a todos.

Pequeños susurros

24 Nov

A raíz de un peculiar artículo, bastante crítico y con una generalización injusta sobre “los hombres”, he escrito…

Y ya para acabar esta reflexión (que es en buen tono y estaría mejor tomando un café o en una terraza hablando tranquilamente), creo que en el fondo todos tenemos una idea de qué buscamos y de a qué aspiramos. Ojalá todos los amores fueran tan maravillosos y reales para no parecer como la primera página de ese artículo. Pero es que la gente evoluciona y cambia, el amor más puro y visceral dura… ¿cuánto: dos, tres años? ¿Para amar/querer a una persona necesitas que eso sea así desde el primer momento? ¿Y luego? Yo busco a una persona para que podamos hablar juntos de cualquier cosa, que ambos sepamos que nos tenemos, que ambos nos gustemos, que nos tengamos ganas, que podamos sonreír al mirarnos a los ojos. Puede que a los dos/tres años la quiera incluso más, ¿o es que acaso es más válido el enamoramiento fulminante?

Me voy a tomar mi medicación xD

Quizás añadiría en lo que busco, el mantenerlo. Pero eso da para una tesis.

The 3 C’s

23 Jul

A veces la tristeza, la soledad o cualquier otro oscuro pasajero, se sienta a nuestro lado. No necesita un motivo claro para ello y mucho menos una invitación.

Puede ser que hace poco la ilusión y alegría iluminaran todo a nuestro alrededor, y que ahora, cuando algún nubarrón cruza el cielo y llega la oscuridad, repentinamente nos encontramos con viejos fantasmas y monstruos contra los que no estamos preparados para luchar.

¿Cómo cerrar las heridas que hace años parecían estar cerradas? ¿Cómo poner fin a sentimientos tristes que nos restan energía para seguir con nuestro camino? ¿Cómo continuar por la senda adecuada cuando parece que ninguna nos lleva a nuestro destino… si es que acaso sabemos lo que queremos?

Podemos coger las piedras que encontremos en el camino y lanzárselas sin parar a los que parecen provocarlas. O emprender una eterna huida a ninguna parte. O por qué no, echarle la culpa a los demás, al mundo, a nuestra maldita suerte. Pero en algún momento nos cansaremos y seremos conscientes de que no es la solución. Hay quien toma esta salida y la convierte en su forma de vivir. Otros se habitúan a vivir en la oscuridad, esperando a que algún día la luz vuelva por sí sola. Por suerte la mayoría lucha y trata de seguir avanzando en la oscuridad.

Yo prefiero aislarme durante un corto espacio de tiempo. Cerrar los ojos y ver qué es lo que está devorando mis alas. Intento reconciliarme conmigo mismo. Reconozco que me equivoco y caigo, porque difícilmente podré mirar a los demás si antes no admito que tengo mil y un defectos. Miro a la tristeza a los ojos, con la calma de aquél que sabe que en algún momento, con esfuerzo, podrá revertir la situación.

Pero también uso los buenos recuerdos. Aquellas cosas que alguna vez me hicieron feliz y me permitieron seguir adelante o sonreír más de lo que acostumbraba. Los amuletos que me acompañaron en momentos duros y que me recuerdan que tras la tormenta siempre vino la calma. Recuerdo las melodías que me animaban. Pienso en lo que me diría la gente que conozco y me aprecia.

Porque todos tenemos días mejores y peores. Sueños que no se han cumplido y otros por realizar. Luces y sombras. Altos y bajos. Porque precisamente estos altibajos son los que hacen que la vida merezca la pena. Porque elegir, equivocarnos y acertar, es lo que nos hace mejores.