Agostos pasados

15 Ago

Hace un año estaba visitando Japón y disfrutando de una cultura muy diferente a la que aquí estamos acostumbrados.

Hace dos intentaba pasar página en unas vacaciones que no quería tener y que se me atragantaron desde bien pronto.

Hace tres me pasaba justo lo contrario: quería vacaciones pero había empezado a trabajar y no las tenía.

Hace cuatro estaba intentando recuperarme de una rotura de peroné.

Hace cinco fue uno normal y corriente.

Hace seis se mezclaban los viajes a Madrid, Mallorca y Alicante.

Hace siete disfrutaba de Edimburgo, el Fringe y Trelese.

Hace ocho descansaba tras un intenso viaje a París en coche.

Hasta luego, 2016

31 Dic

Poco ha tenido que ver este año con el anterior. Han pasado más cosas, ha habido más cambios… aunque todo parece ya muy lejano, como si hubiese sucedido mucho tiempo atrás.

Quizás, cronológicamente, lo primero importante que sucedió es que en abril, antes de lo previsto, me llevé la alegría de dejar de ser becario y pasar a tener contrato de empresa. Tras prácticamente dos años con cierta incertidumbre, esto me ha dado una estabilidad más que necesaria (ya vamos teniendo una edad) para poder ir haciendo planes.

De ahí se puede pasar directamente a finales de julio, porque fue en verano cuando todo se precipitó un poco y el azar jugó un papel importante. Muchos meses atrás había visto un pequeño apartamento que rápidamente se alquiló y me gustaba, de casualidad volvió a aparecer justo cuando miré en verano y nuevamente se retiró el anuncio. Aún así me dio tiempo a contactar y verlo (aunque en principio ya estaba cogido), pero renunciaron a él y… ¡piscinazo! Evidentemente, las cuentas y el resto de cosas ya estaban más que calculadas, en el fondo, los 30 eran una especie de edad límite para irse planteando ciertos cambios.

Pero antes de la “mudanza”, a mediados de agosto fue el viaje a Japón. Dos semanas maravillosas para conocer un país y una sociedad cuya ética y valores están a años luz de los nuestros. Está claro que tendrá cosas malas, pero el choque cultural, donde la educación y cortesía juegan un papel tan importante, es increíble. Paisajes maravillosos, dormir tranquilo en el metro porque no hay ruido, saber que nadie te va a engañar ni querer robar, cartelitos, tartas de queso con chocolate, “profanación de templos”, la estación de cachibache, largos vuelos, ver un barco pirata en un lago, tifones, mil máquinas de bebidas, rascacielos, tifones, comidas raras, “la bebida que sabe al primer beso”… Cientos de cosas y sobre todo: desconexión absoluta.

A la vuelta, la búsqueda de un coche y tras encontrarlo, instalación definitiva. Y desde ahí, simplemente vivir tranquilamente. En el resto de cosas, pocos cambios más. Cada vez más piedra que corazón (inevitablemente), risas, pachangas de basket, disfrutar cuando se puede, alguna carrerita, un viaje gastronómico (hay el final este año estuve en 3 continentes :D), algún concierto (buen descubrimiento “La MODA”)… Es curioso porque ahora mismo parece que todo esto es muy lejano y no hice nada en todo el año, que simplemente ha sido un año más. Pero no, aunque a ratos me he sentido demasiado BoJack, todo hay que decirlo.

Y el que viene, bueno, ojalá sorprenda también para bien. Quizás estudiar de nuevo algo que me llene, leer un poco más (este año ha sido un libro al mes), que la salud siga bien, disfrutar y sentir de verdad.

Que 2017 os trate bien, como merecéis. Abrazos fuertes a todos.

Cosas que pasaron en mis 20

26 Mar

Ha llovido bastante desde que quise publicar esta entrada hasta que finalmente me puse manos a la obra y decidí dedicarle un tiempo. Quizás necesitaba unos meses para coger perspectiva. O simplemente es que entré en los 30 con cierta desgana y pereza.

10 años de la vida de una persona dan para mucho. Como es lógico, de los 20 a los 30 son los primeros en los que más cosas suceden. Y eso que no puedo quejarme por los diez anteriores, viajé mucho y no tengo recuerdos demasiado amargos: Francia, Holanda, Bélgica; decenas de pueblos por España, Tenerife, Gran Canaria… Jugué a básket en un buen equipo, tuve momentos tristes por los problemas de rodilla, empecé en la universidad, alguna noche memorable, amigos, tuve mis primeros rotos en el corazón y el resto de cosas que le pueden pasar a uno.

¿Y los 20? Es complicado ser objetivo y recordarlo todo. Ya sea por mala memoria en ocasiones y otras porque simplemente lo mejor era olvidar determinadas situaciones. Esto no es un “lo que aprendí”, que ya vendrá en otro post, sino que es un poco anotar algunas cosas que me pasaron. Me es más sencillo hablar de viajes porque con ellos vienen más recuerdos de situaciones, lugares y estados de ánimo.

  • Estuve en París por segunda vez en el verano de 2009, en un viaje peculiar en coche. Carnet y coche, anda que no fue sorpresivo esto.
  • Por Edimburgo pasé el primer gran viaje con amigos de esta época. Fue sin duda de los mejores y guardo muchos recuerdos. La banda sonora la puso Trelese, la anécdota más grande el DNI caducado del incombustible Pepe, la magia el grande Jorge Luengo, la alegría todos nosotros y las incontables pintas, la fiesta de disfraces, el asesino de la cuchara…
  • Un año más tarde, en 2011 (pasó de todo: bueno… y malo), los viajes se sucedieron. En primer lugar un viaje a Londres en plenos exámenes de Junio (el taxi pirata, las comidas en el jardín, el cambio de horario), seguido por otro a Mallorca donde vi a mi Campanilla particular, a Alicante a rebozarnos por la playa de las piedras ocultas. Y luego a Lituania, Letonia, Estonia (¡y Helsinki!) para ver el Eurobasket, disfraces de Guardia Civil incluidos. A la vuelta, como colofón, viaje de una semana a la Riviera Maya con la empresa.
  • Los tres años siguientes no hubo viajes fuera de España (más allá de un viaje a Tánger por trabajo), pero sí a Burgos (cómo no), Madrid, Méntrida, Barcelona (a aprender a no cruzar en rojo), Toledo y otros muchos findes de escapadas cercanas. En 2013 por la rotura de Peroné me perdí Eslovenia y alrededores y más tarde Alemania, pero bueno, todo no puede ser.
  • El último en Sintra (aún no había ido nunca a Portugal) y Roma.
  • Aquí faltan visitas a pueblos de Extremadura y no pocos viajes más dentro de España: Ourense, Avilés, Gijón, Zaragoza, Alicante, Barcelona, León, Palencia, Ávila, Salamanca, Béjar, Valladolid, Madrid, Huelva, Cádiz…

Así que sumado a los años anteriores he pisado tierra en Portugal, Francia, Escocia, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Italia, Lituania, Letonia (aunque solo fuese pisar las estaciones de servicio), Estonia (qué bonito Tallín, ¿volveré?), Helsinki, Marruecos y México.

Como en la vida de todos, se han cruzado muchas personas por mi vida, unas pocas para quedarse y otras muchas para acabar yéndose. Por desgracia, algunas nos han dejado a todos: mi tía Conchi en 2011 de una forma muy triste e injusta y en 2015 por ley de vida mi abuela Nori. Aún me emociono pensando en ello. Si eso fue la cruz, la cara la puso mi padre en 2007 porque aunque el susto fue mayúsculo, vive para contarlo.

He salido en la tele como narrador, co-presentador, por estar loco e ir disfrazados de guardias civiles en Kaunas. He escrito para diversas web de básket, he tenido una web de frases y en su momento bastantes visitas. He estado en 2 trabajos más aparte del de ahora: en Intexmedia (qué gran equipo de personas e infinitos buenos recuerdos en esos 3 años) y por Gloin otro año (con mucha suerte con los compañeros también).

En la salud, he estado malito dentro de lo normal, pero hay que añadirle algún esguince, roturas fibrilares, la rotura de peroné, ansiedad…

En el amor he tenido también de todo. He querido, me han querido, he tocado fondo con el desamor, he fallado y tomado decisiones erróneas de las que me he arrepentido, pero también he hecho un poco feliz a otras personas. Me he pegado 3 batacazos grandes (cada uno el doble de grande que el anterior, el último aún duele y eso que ya hace un año) que se unen a otros 2 “memorables” de la década anterior. Remiendos en la patata, que dicen.

Acabé la carrera con un retraso evidente (de años, aunque de cabeza no es que esté mejor) y dije que no volvería a pisar una universidad en la vida. Al año siguiente me matriculé en un máster (¡viva la coherencia!), porque ya que siempre dije que no valían para nada, qué mejor forma de comprobarlo que haciéndolo y más si no estaba trabajando en ese momento. Éste si lo acabé a la primera, pero no con poco esfuerzo ni falto de disgustos.

Mantengo amigos de antes de los 20, aunque pocos (estas cosas pasan), pero el cariño es mayor cada año que pasa. Lo mismo sucede con las personas que he tenido la suerte de conocer durante esta década. Os tengo mucha más estima de la que pensáis.

Y ya… No quiero mezclar este pequeño diario de cosas que pasaron con otro de “cosas que aprendí”, que llegará en las próximas semanas o meses. Y tampoco el de cosas que quiero hacer de los 30 a los 40. Vale, qué viejo me he hecho.

Quizás a cámara lenta. Despacio. Pero he vivido. Aquí no está ni el 1% de mis 20, pero me basta. Y estoy agradecido de poder contarlo. He preferido no poner muchos nombres aquí (quizás cuando tenga 80 años me arrepienta porque ya no me acuerde bien) por respeto y porque siempre se me olvidaría alguien y sería injusto. Gracias a todos 🙂

Se marchó el 2015

31 Dic

Esta vez ha costado mucho, mucho. Resumir este año no ha sido tarea fácil, porque cada vez que he empezado a repasar en mi cabeza todo lo que ha ido pasando, me veía obligado a parar porque me parecía demasiado triste. Quizás 2015 deba pasar como el año de perder. Perder mucho.

Es evidente que este año gira entorno a una decisión tomada en abril y todas y cada una de las consecuencias que tuvieron lugar a lo largo del tiempo y me han apedreado la cabeza noche tras noche. De hecho, el blog pasó de estar abandonado a ser un reguero de posts tristes y desahogos varios. Que aquí no siguiesen brotando escritos no quiere decir que por las noches no se cruzasen muchos pensamientos. No, el desamor no perdonó.

Hay veces que en la vida se hacen elecciones. En el momento, es complicado saber si las correctas. En ocasiones, la razón y el corazón dicen cosas diferentes. Pero hay que elegir. Yo, tras mil y un errores cometí el definitivo. Y pesa, vaya que si pesa. No recuerdo un agosto tan lluvioso en toda mi vida; de hecho, creo que no recuerdo darme tan de bruces con la realidad. Resulta hasta irónico como en el puro corazón de una fábrica el mío terminara de saltar por los aires. Pero no quiero alargar más esta zona del resumen. Ya habrá un día de la semana que viene para ahondar en la melancolía.

En julio hubo otra pérdida. De las que la vida se cobra por ley y poco se puede hacer. Quizás, por cómo fueron los últimos años y la imposibilidad de cambio, era de esperar e inevitable. Pero eso no le resta tristeza. Asturias es más oscuro aún, ya lo era mucho desde hace 4 años, no lo olvido.

Con la carrera y el máster terminados el año anterior, el capítulo de estudios estuvo cubierto. En el trabajo, otro año de transición, esperando saber qué pasará el verano que viene. Éste, a nivel personal, fue para olvidar en casi todos los aspectos. Y en el ocio, dejar el equipo, merece un capítulo aparte. No ha sido un año divertido, fácil ni agradable. Tampoco parece que hayan sido las mejores elecciones.

Si sigo sonriendo de vez en cuando, es gracias a toda esa buena gente que me ha apoyado directa e indirectamente cuando he estado bastante hundido y abiertamente pedí ayuda. No ha sido tampoco un año fácil para muchos amigos, esperemos que eso cambie.

El capítulo de viajes fue peculiar. La primera visita a Portugal que tanto se hizo rogar en mi vida, fue a Sintra. Probablemente el lugar más bonito que recuerdo; también es cierto que la compañía hizo mucho. Luego Toledo de nuevo y meses más tarde una huida viendo ruinas en Roma, muy poético todo. A partir de ahí viajes a Asturias, por desgracia no por motivos alegres. Medellín, Moraleja, San Martín de Trevejo y finalmente un Palencia – Valladolid en busca de baloncesto, dulces y risas.

Volví al teatro yendo a Badajoz a ver una obra, “The Hole”. Y a Fito, bendito concierto, que abrió heridas y curó otras, fue simplemente genial y me dio la perspectiva que en ese momento necesitaba.

Me dije que debía leer un poco más y qué menos que 10 libros. Por mis ojos pasaron: “1Q84”, “Todo lo que muere”, “En un mundo de grises”, “Pájaros de fuego”, “Crónica del pájaro que le da cuerda al mundo”, “Kafka en la orilla”, “Al sur de la frontera al oeste del sol”, “Tokio Blues”, “Camino a lo inesperado” (de mi buen amigo David) y “After Dark”.

Del blog es difícil seleccionar alguna entrada que no sea triste. Por orden cronológico, hay 8 que llaman más la atención. Agradeciendo todo a quien me aguantó casi año y medio a pesar de mis errores,  el día en que definitivamente fui consciente al 100% de que estaba total y completamente equivocado y me derrumbé, cuando echar de menos empezó a ser algo diario, el soplo de aire fresco, cuando a veces es siempre, cuando sabes que se acabó para siempre y toca resignarse indefinidamente en un banco, qué hacer si te encuentras a quien querías y quieres, o recuerdos de cuando estábamos sentados en tu portal.

¿Y ahora qué? Por lo pronto algunas decisiones importantes que iban a llegar en 2016, lo harán al menos un año más tarde. El resto… Quizás llegar a perdonarme a mí mismo (si eso es posible) por las decisiones que tomé y las mil cosas que hice mal antes (porque recogí lo que sembré anteriormente), corregir alguno de los muchos errores que hay por mi cabeza, volver a ser un poco feliz de verdad (no solo sonreír por fuera), recuperar el tiempo perdido, que las vacaciones no sean para darse cabezazos contra las paredes ni llenar pantanos; no desperdiciar días. Empezar los 30 aceptando qué soy, si es que llego a saberlo. Porque este año me ha ayudado mucho a conocerme, pero también a desconocerme en igual proporción. Porque este año, perdí el camino. Y estoy lejos de haberlo encontrado. Ha sido, personalmente, un mal año.

Que tengáis un feliz 2016. Abrazos a todos.

Saudade

12 Oct

Hace bastantes entradas atrás, hablé de 日三秋, una supuesta expresión china que se usa cuando se echa de menos a alguien. Traducida, viene a significar que en esos momentos, un día dura tres otoños.

Leyendo hace no mucho, oí hablar de “saudade”, una palabra peculiar sin aparente traducción al castellano, que viene del portugués. Se usa para describir una especie de sentimiento de melancolía y soledad, que proviene de la pérdida de algo que se tuvo y por algún motivo ya no se tiene.

Podríamos decir que saudade es cuando has tenido algo y ya no lo tienes o está lejos, física o temporalmente. Cuando echas de menos a una persona a la que has tenido en tu vida y ya no está; ya sea a tu lado, porque esté con otra persona, o porque no tienes el contacto que tenías.

Un autor (Mario Palmeiro) escribió esto de saudade:

Si insistes en saber, lo que es saudade,
tendrás que antes de todo, conocer,
sentir lo que es querer, lo que es ternura,
tener por siempre un puro amor, vivir.

Después comprenderás lo que es saudade.
Después que hayas perdido aquel amor.
Saudade es soledad, melancolía,
es lejanía, es recordar, sufrir.

Por tanto, saudade es echar de menos, añorar, tener nostalgia, extrañar… Sentir el otoño o el invierno en el corazón. Notar que la lluvia no solo cala la ropa, sino que también el alma.

Hace meses, soy saudade.