Noviembre

14 Nov

Es el mes donde el sol desaparece, donde se pasa de lo brillante a lo oscuro, la tristeza por las tardes. De los paseos lúgubres, de recordar lo mal que ha ido el año olvidando que también hubo infinidad de cosas buenas. De contar con una mano los defectos corregidos y no dar abasto enumerando los nuevos vicios adquiridos. De ver cómo falta un mes para terminar el año y se acumulan en un saco sueños rotos y esperanzas diluidas. De empaparse de tristeza mientras se camina por una vida monótona. De trabajos o estudios que no llenan. De miradas apagadas que se pierden entre un mar de gente desconocida. De suspiros resignados, melancolía a flor de piel, gris en la fachada del alma. De paciencia que se agota. De insuficiencia. De echar de menos a los que echabas de más. De que sobra gente y faltan las personas a las que quieres.

Por suerte también es el mes de la esperanza. De recoger los frutos sembrados durante el año. De manta, chocolate, serie y libro los domingos. De sonrisas entre desconocidos. De ilusión. De conspirar en silencio o mediante susurros. De abrazos que multiplican su valor por mil. De sentir cómo la lluvia te cala mientras piensas que eres feliz. De que te coloreen de nuevo. De creer en ti. De que la vida te puede dar otra oportunidad. De que eres fuerte. De que encontrarás lo que buscas, de que te encontrará quien te quiere. Donde algún sueño se colará en tu realidad.

Es el mes de lo que tú quieras. Es Noviembre.

Contenerse hoy en día

9 Nov

En un blog como éste, “Un lugar para conspirar”, hablar de contenerse o callarse, no deja de ser paradójico. Pero esta entrada tiene su aquél.

Todos tenemos días mejores y días peores. Días en los que pensamos que podremos contenernos y sin embargo nos sorprendemos y abrimos la boca para liarla parda; o días en que pensamos que reventaremos y abriremos la pared a cabezazos, y sin embargo aguantamos de forma estoica. Da igual que pasen los años y nos conozcamos mejor, siempre podemos sorprendernos a nosotros mismos, para bien o para mal.

¿A qué viene esto? Dos ejemplos antes de entrar en materia. Ayer se cayó el blog (más bien no era accesible), y aunque tengo mucho aprecio por la empresa que lleva el hosting (Hostsuar), me puse de mala leche, porque me apetecía escribir (algo profundo, todo sea dicho), y me quedé con las ganas (y ya no me sale, la inspiración se me escapó). Por un rato pensé en desahogarme, pero lo hice a medias (con un tweet triste), sin faltar a nadie. Y bien hice en callarme, porque tras dar el aviso pertinente a la empresa, en 20 minutos y a pesar de ser de noche, lo solucionaron, pidieron disculpas, y me prorrogaron 2 años de dominio de forma gratuita, chapó. Todo tiene sus tiempos, hay que saber manejarse.

Hoy, por motivos puramente personales, he sentido tentación de escribir, blasfemar o patalear (que no me gusta ni nada…) por idioteces, minucias o simplemente detalles que no se llevan bien con mi forma de ser, pero que a lo largo del día me parecían terriblemente grandes.

Y es que no es sencillo contenerse. Internet es un gran amigo, pero también lo lleva el diablo. En pleno calentón puedes soltar una burrada/indirecta/barbaridad por Twitter, Facebook, Tumblr, Whatsapp, etc (incluso hay gente que usa herramientas primitivas, como Tuenti). Hay cientos de posibilidades para desparramar tu bilis y quedarte bien a gusto (aunque luego los remordimientos te reconcoman). Esto antes no pasaba, ya que estábamos más limitados, y quitando cabezazos, ñiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiis, o montar peculiares películas en la cabeza; poco más se podía hacer. Tus marrones e idas de ollas te las comías tú.

Hará tres meses le dije a un buen amigo que se mantuviese lejos del teléfono, por lo que pudiese decir. El tiempo marcó que en el término medio está la virtud. Hay que aprender a contenerse, ya no por pequeñas tonterías de tráfico, modales, gestos; sino por aquello que va contra lo que defendemos. Contar hasta 10 o 10.000, de número primo en número primo si es necesario; pero saber diferenciar de un calentón a un momento de más lucidez. Se puede tener razón en muchas cosas, pero el no actuar de forma adecuada puede deslegitimar nuestros argumentos.

Y ojo, contenerse no significa que se está equivocado en algo y por eso haya que callarse. Simplemente significa que no es el momento. Eso no quita para ser, por ejemplo sinceros. Es preferible ser sincero y aguantar palos o situaciones complicadas; que ocultar lo que se piensa y el día menos pensado actuar de la peor forma posible.

Volveremos a la programación habitual.

Los “y si”…

30 Oct

El pasado es un agujero, y está lleno de “y si”. ¿Yo? Vivo el presente. ¿Tú? No sabes dónde vives.

(The Fades)

 

Cuánto daño pueden hacer esas palabras, cuánto daño puede hacer el pasado… Así que, manos a la obra, vista al futuro; y a seguir a todos aquellos dispuestos a acompañarte en tu (su) camino.

Esa pequeña hoguera

4 Oct

Se acercó sigilosamente mientras miraba sus movimientos con atención. Estaba alrededor de la hoguera, y parecía querer apagarla.

– ¿Qué haces? ¿Por qué la apagas ahora?

– No la estoy apagando, ni mucho menos. Solo la hago más pequeñita.

– ¿Y por qué? Perderá toda su gracia.

– No. Si se mantuviese ardiendo con todo su esplendor durante más tiempo, entonces se acabaría la madera, y se apagaría inútilmente y para siempre; justo ahora, que no es útil para nadie.

– Entonces…

– La mantengo a fuego lento. Puede pasar desapercibida, pero apenas consume, y llegado el momento se podrá volver a avivar, para que aun siendo diferente, valga a más personas. Es… como todo en esta vida. ¿Qué prefieres? ¿Una hoguera espectacular que apenas puedas disfrutar y se apague pronto; o aprender a controlar una un poco más pequeña y alimentarla a tu antojo, para que crezca en el momento adecuado?

– Escojo… que no te entiendo.

Sed buenos

8 Sep

Hay quien dice que hay que vivir cada instante como lo que es, algo único.

Otros, que no se deben perder de vista los sueños e ilusiones, y es una obligación el luchar por ellos aunque la suerte sea caprichosa.

Quien piensa que el futuro será mejor que el triste presente, y el constante pasado.

O los que creen que son ahora tan felices, que jamás encontrarán un momento mejor.

Aunque, se puede optar por todo lo anterior.

Sea como fuere, cada uno tiene su propio pensamiento. ¿El mío? Seguir caminando hasta que encuentre el sitio que quiera, y que me quiera, en todos y cada uno de los sentidos de la vida. Mientras tanto, aunque escuche voces del pasado, el silencio de un sencillo presente, o el incesante trotar del tiempo, aprovecharé cada oportunidad que vea en el camino para encontrar lo que ni siquiera sé que busco. Y será más fácil con una sonrisa, y, como viene siendo algo habitual, si de vez en cuando hay un alto en el camino.

Sed buenos 😉