En silencio

30 Jun

A veces, simplemente decides estar callado. Porque…

– puede ser que no tengas nada interesante que decir o que añadir a los que otros han dicho. También, que tu visión esté sesgada y lo que digas no vaya a ser todo lo objetivo que se espera.

– es un silencio obligado por situaciones incómodas que no mejorarán con tus palabras.

– estás en guerra con todo o con todos, y si todo el mundo fuese igual que tú… Con tiempo y paciencia se pueden frenar los pensamientos pesimistas, alejar los nubarrones y seguir el sendero que otras veces desembocó en la tranquilidad.

– estás manteniendo una acalorada discusión contigo mismo y tres son multitud.

Sea como fuere, nunca nadie está callado con todo el mundo, ni eternamente. Cada cual tiene su tiempo, su espacio… y su vida. El derecho a la pataleta, la queja, etc. es universal. Pero no está de más parar y preguntarse si no sería mejor darse un respiro y tratar de ver las cosas con un poco más de alegría. A lo mejor así, casi sin querer, hasta sonríes.

Píxeles intermitentes

20 Jun

Sin saber cómo ni por qué, hoy el reloj del teléfono se quedó parado marcando la misma hora durante toda la tarde. Lo más probable es que fuese un pequeño error, un bug… o simplemente empatía hacia su dueño.

El simple hecho de entrar hoy por aquí me ha hecho ver títulos y entradas de borradores, sobre los que en su momento podría haber escrito líneas sin apenas esfuerzo, dejando fluir pensamientos y palabras sin miedo. Pero ahí están. Como hace meses. Paradas en el tiempo. Exactamente como el reloj del teléfono. Y como tantas cosas que siguen igual desde hace ya unos largos meses, de las que se desprende una apatía atenazadora con intenciones de impregnarlo todo.

Todo igual, las mismas historias en bucle desde pasados los primeros meses del año. Un rollo, vamos. Lo peor, que la apatía conlleva una disminución hasta del sueño, y por ende, del esfuerzo, muy a mi pesar. Así nos luce el pelo.

¿Y a qué viene quejarse? Ni idea. Supongo que esto que ha salido es el término medio entre plasmar en unos cuantos píxeles felicidad eufórica, o afiliar y lanzar palabras ante el más intenso de los enfados. O ni eso, simplemente un día estúpidamente nublado y unos recuerdos que se desenterraron sin venir a cuento. O unas frustraciones que tardaban en salir. Por lo menos ha valido para dejar unas palabras… y no arrojarlas al pozo del olvido.

La situación político-social actual

10 May

He pasado por Menéame, y se me han clavado los ojos en 2 comentarios sobre una triste noticia de un padre de familia pidiendo que alguien le pagase en el supermercado los 4 euros en leche, tomate y macarrones, porque no tenía para pagar. Reflejan lo que muchos pensamos, y hemos sido tachados de pesimistas o alarmistas.

A veces pienso que a mala hora conocí Meneame, que a mala hora se me ocurrió interesarme por la política real, la del día a día, la de los recortes y los rescates bancarios.
Hay momentos en los que me gustaría ser la persona más idiota en este puto país de idiotas.
Seguro que sería más feliz y me ahorraba mil disgustos, pero ya es tarde.

 

Es como el inocente cuento de la rana hervida
¿Lo cuento? Ahí va:

“Imagínense una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable, y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que suele gustarle a la rana. Pero ella no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia.
Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada más. Así, la temperatura del agua sigue subiendo poco a poco, nunca de una manera acelerada, hasta el momento en que la rana acaba hervida y muere sin haber realizado el menor esfuerzo para salir de la cazuela.
Si la hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a cincuenta grados, ella se habría puesto a salvo de un enérgico salto.”

 

Poco a poco, derecho a derecho, recorte a recorte, nos hemos convertido en dueños de los demás, y hemos dejado de tener el poder de elección sobre las cosas que nos atañen. Nos empobrecemos a pasos agigantados mientras una clase de ricos, poderosos y políticos, se blinda mientras sigue robándonos poco a poco. No tenemos donde elegir, y si democráticamente pudiésemos, la nueva opción sería eliminada de un plumazo.

Hemos llegado al punto de que protestar delante de un edificio y quemar unos papeles puede hacer que pases 4 años en la cárcel, y sin embargo, que un multimillonario haya provocado un agujero económico enorme para enriquecerse él y sus amigos, queda en nada; siendo el dinero de los verdaderos trabajadores, de la clase baja, la que pague el desfalco, mientras ellos nadarán entre billetes en busca de un nuevo pelotazo.

Donde la policía se ha convertido un instrumento que no piensa (¿alguna vez lo hizo?), simplemente obedece órdenes sin plantearse si son justas o no, perdiendo toda moralidad y hasta matando de forma impune, mientras que cualquier insulto contra ellos puede acabar bastante mal. Se ha perdido de vista el por qué, por ejemplo, algunas dictaduras triunfaron a pesar de su crueldad: el no plantearse si algo es ético o no, sino simplemente acatar las órdenes de “arriba” porque son lo correcto; creando una cadena en la que si bien la ética hace pensar que es horrible, dichos pensamientos se diluyen en un mar de órdenes de “es lo mejor para todos”, “ellos saben más que yo y por tanto lo que dicen será lo mejor”.

La justicia y la moralidad están corrompidas hasta la raíz, y mediante indultos y “no lo volveré a hacer” se permiten barbaridades. Pero sólo la clase baja, y la que antes fue media, es la que sufre. Mientras la venta de productos de lujo sube, cada vez resulta más común ver gente rebuscando en la basura, llorando o poniendo fin a una existencia marcada por la mala fortuna, alentada por una clase de privilegiados, que se ha olvidado de lo que ellos son: personas.

¿Dónde están la ética y moral? ¿Dónde está el freno de esta corrupción? “El vecino está peor”. Sí. Pero tu vecino también dijo eso unos meses antes de llegar a una situación irreversible. Basta.

Mezclas

13 Mar

No puedes obligar a nadie a que permanezca en tu vida. Podría llegar el caso en el que incluso lo estuvieses reteniendo en contra de su voluntad. Por eso muchas veces nos resignamos a vivir de los recuerdos. No solo de los recuerdos de personas; también de lugares, experiencias, momentos… Pero por mucho que tiremos, los recuerdos no se convertirán en presente. Así que cuando el hoy nos parece simple, rescatamos los recuerdos del baúl de la memoria y los edulcoramos (¿inconscientemente?) para que sean mejores de lo que fueron, y nos hagamos más daño pensando en lo que pudo haber sido y no fue, o en lo que ni tan siquiera llegó a ser realmente.

Aunque… ¿no hablábamos de personas? De las que querríamos que estén y no lo están, de las que están de alguna manera pero no es suficiente. Somos imperfectos e imprevisibles. Por eso nunca discerniremos bien entre un punto y final y uno y seguido. Ni una parte ni la otra. Simplemente, porque somos mezcla. Porque ya hay quien dijo que la riqueza está en la mezcla, y cuanto más mezcla, más pura.