El no invitado de las largas noches

8 Sep

Hace ya años que el número de horas de sueño que tengo por las noches es bajo, acostándome tarde y levantándome “temprano”. Muchas veces por ver series, enredar, jugar, hablar o leer, intentando ganarle la batalla al sueño para exprimirle algunos minutos más a la noche. Pero hay épocas (más que días), en los que una vez dentro de la cama, por mucho que cierre los ojos no hay manera de dormir. Algunos le llaman a eso insomnio. Otros lo interpretan como que el cuerpo ha hecho tan poquitas cosas que está descansado y no necesitan dormir demasiado. En mi caso, normalmente suele ser por una vocecilla que susurra “Diego, y ahora, ¿qué has hecho?”.

¿A quién no le ha pasado? No hace falta tener una vida repleta de problemas por resolver. Ni encontrarse en las vísperas de un gran acontecimiento. Es más, podría ser un día como cualquier otro, donde no ha pasado nada. ¿Y entonces, por qué? Quizás, y solo quizás, sea que el subconsciente está gritando algo que produce un silencio estridente en nuestros oídos. Algo que no podemos escuchar, pero que nos martillea la cabeza. Los motivos pueden ser variados, cualquier acto o decisión al que no le dimos importancia o creímos que fue correcto, hasta que el subconsciente ha decido lanzar esos pensamientos hacia la superficie.

Porque nadie está libre de errores. De volver a cometerlos, fallar o equivocarse. Tampoco de pasar por alto detalles que marcan la diferencia. Y ahí es cuando empiezas a pensar en cosas que has hecho o que has repetido. Hasta que al final sale el por qué de no dormir con la conciencia tranquila. El cómo combatirlo ya es cosa de cada uno y de la gravedad que tenga. Ignorarlo, enfrentarlo intentando sacar algo en claro, derramar alguna lágrima… o derramar palabras y sentimientos.

Desde hace unos días no duermo demasiado por las noches. Al menos creo saber por qué, otra cosa es que sepa cuál es la solución o en caso de que la sepa, quiera aplicarla. Ya habrá tiempo para soñar. Y de paso, ya habrá tiempo para cumplir sueños.

 

 

Ya no hay borradores

6 Jul

Mira satisfecho las entrañas del blog. Ya no queda ni un solo borrador. Con el paso del tiempo los más viejos fueron publicados. Otros, se mezclaron con no demasiada habilidad, para que por fin vieran la luz. El último que quedaba se borró hoy porque ya no tenía mucho sentido. Entonces… ¿se ha quedado vacío? No. En su cabeza resuena de vez en cuando lo que querría escribir y no puede, o mejor dicho, no quiere. Quizás ya no sea el momento, o es que ése no llegó aún. A lo mejor está confuso. Quizás ya no sirve de mucho, ni siquiera como desahogo. Piensa en los que pudo escribir y no hizo.

A veces por la felicidad, o porque el viento pega de cara, nos olvidamos de escribir. Curiosamente, es cuando echamos en falta aquello, cuando las teclas o el boli parecen tener vida propia.

No, no queda ni un solo borrador en el blog. Pero sí unos cuantos en su cabeza.

Cuando todo pasa y no

2 Jun

Cuando da igual la foto que veas, porque siempre piensas: “qué guapa es”.

Cuando no importa de qué hayáis hablado, porque siempre acabas esbozando una sonrisa.

Cuando discutís o no os entendéis, porque te vuelve loco y disfrutas con esa desesperación.

Cuando han pasado días y días desde que todo terminó y todo es diferente, pero aún así demasiado es igual.

Cuando ya no hay marcha atrás, pero tu corazón no opina igual que tú cerebro.

Cuando se supone que no deberías sentir, y te encuentras escribiendo esto.

Amordazarte los dedos

23 May

Amordazarte los dedos. Atarte la boca. Cerrar los oídos. Poner los lastres más pesados a los pensamientos… De qué sirve, si los sentimientos siempre flotan.

“I don’t know where i went wrong, but I can write a song…”