Una clave de la felicidad

9 Feb

La clave de la felicidad no está en buscarle sentido, sino en mantenerte ocupado con tonterías sin importancia, porque al final te morirás igual.

Vi esta frase el otro día en un GIF que estaba en Twitter y me dio que pensar. ¿Cuántas veces hemos ocupado nuestra mente con lo primero que hemos encontrado a mano para deshacernos de pensamientos hirientes? Y en la vida, ¿no hacemos constantemente lo mismo? Tratamos de apagar voces de nuestra conciencia con cualquier cosa, para no oír lo que nadie quiere escuchar. Por eso, cuando estamos inactivos, volvemos a escuchar esas voces; y nos queremos deshacer de ellas cuanto antes. Qué será de nosotros, qué sentido tiene esto… El silencio no es tan fácil de domesticar como puede parecer a primera vista. A veces se da la ironía de que para conseguirlo, necesitamos llenar de ruido nuestra vida.

Prejuicios y perspectiva

9 Ene

Hace no mucho me encontré este curioso texto, que me hizo plantearme los prejuicios que tenemos con el paso del tiempo y cómo esto anula en parte la perspectiva que debemos tener:

Una niña tenía dos manzanas en su mano.
Su mamá se le acercó y le preguntó a su hija si le daría una manzana.
La niña rápidamente mordió una y luego la otra. La mamá sintió cómo se le congelaba la sonrisa y trató de no mostrar su decepción.

Pero la niña le pasó una de las manzanas y le dijo: “toma mamita, ésta es la más dulce.”

No importa cuánta experiencia o conocimiento crees que tienes; nunca hagas juicios. Ofrécele al otro la oportunidad de dar una explicación. Lo que percibes puede no ser la realidad.

Muchas veces, fruto de las diferentes experiencias que hemos tenido en nuestra vida, vamos creando una especie de prejuicios ante diferentes situaciones, que nos impiden ser plenamente objetivos. Puede ser simplemente para defendernos ante disgustos o situaciones complicadas, quizás por ello nos ponemos en lo peor o etiquetamos rápidamente a personas o actos de las mismas. No dejamos que tan siquiera el otro pueda justificar lo hecho (que no debiendo tener que hacerlo, podría sorprendernos porque se alejaría de lo que pensamos).

Esto se puede hilar fácilmente con las famosa regla de que los 10 primeros segundos cuando conoces a una persona, marcan lo que ésta va a opinar de ti durante un largo tiempo. Según nos hacemos mayores, parece que vamos haciendo un escudo en base a los problemas que hemos tenido, y prejuzgamos y actuamos de forma precipitada en ocasiones. No miramos con perspectiva. Nos ceñimos a hechos rápidos y en un contexto muy cerrado. Quizás sea simplemente que el instinto de supervivencia (o pura evolución), nos hace ser así. Muchas veces viendo la maldad antes de tiempo, aunque solo sea para protegernos.

Por qué miramos al pasado

29 May

Constantemente recibimos por parte de los gurús de la felicidad, mensajes que nos dicen que no es buena idea estar mirando al futuro o al pasado. Que debemos centrarnos en el presente y sentirlo, para de ese modo dejar a un lado miedos y temores.

Y sin embargo, no es complicado encontrarnos mirando al pasado. Analizamos errores y aciertos, aunque los primeros son los que realmente nos martillean la cabeza con más constancia.

¿Que por qué miramos al pasado? Porque lo que se olvida se repite.

Y evidentemente, ya que ha habido errores que no se pueden solucionar, qué menos que evitar que vuelvan a suceder.

Pase

17 Nov

Hay sitios que parece que ya no te van a traer nada bueno o que ya te han dado todo aquello que tenían que darte. Eso, como casi todo, no tiene por qué ser ni bueno ni malo. Podría ser genial porque te han llenado de sonrisas y buenos momentos, aunque también malo porque es triste llegar a pensar que hay un lugar donde a todo a lo que se aspire es a tornarse gris dentro de ti.

Es algo que puede pasar de forma recurrente. El tener la oportunidad de ir a un sitio y rechazarlo desde lo más profundo porque sabes que difícilmente pueda darte algo mejor o igual, sino que solo puede darle algún latigazo a algún buen recuerdo que merodee por allí. Ya veis, a nadie le gusta la idea de que se puedan abrir viejas heridas o tener que sentir cicatrices. Pero puede merecer la pena.

Y es que ya sea porque deseemos que haya cosas que se cumplan o porque queramos que el olvido se apodere de esos recuerdos que nos pesan, en nuestra vida siempre queremos que pase algo. Que suceda o se vaya. Pero que pase.

Juntando palabras al azar

9 Oct

No soy una persona a la que le cueste mucho hablar y ser sincero. Lo primero, con que se me dé un poco de cuerda está solventado. Lo segundo va, por lógica y principios, incluido en cualquier cosa que diga. Puedo dar pequeños rodeos (¿quién no lo hace?), pero lo importante es ser franco y honesto. Quizás eso sea a veces un inconveniente, porque la magia o el hacerse de rogar en exceso atraen más la atención.

Tampoco me resulta sencillo chasquear los dedos y hacer desaparecer a una persona. Quien dice desaparecer, dice no ser capaz de poder preguntarle “¿qué tal te va”? esperando una respuesta que dé pie a una conversación más larga. O tener el sentimiento de culpabilidad de quien sabe que se han hecho o dejado hacer cosas que no son las correctas. Aunque no hay que olvidarse de los sentimientos y de cómo es cada uno. Y es que a veces ese escalofrío, acaloramiento o como se quiera llamar al ver de nuevo a alguien relegado a un segundo plano forzoso, dice mucho de cómo somos.

Esta entrada no tiene sentido alguno, porque solo he querido mezclar palabras sueltas y pequeños pensamientos sin molestarme en hilarlos o aderezarlos para que queden más decentes. Es solo porque a veces, sin venir a cuento, duele ver que personas que llegaron hondo y con las que podía haber mucho que compartir, terminan pasando de largo (o visto de otra manera, pasas de largo para ellas). Y en parte es triste, proporcional a las veces que haya sucedido.