Cosas que pasaron en mis 20

26 Mar

Ha llovido bastante desde que quise publicar esta entrada hasta que finalmente me puse manos a la obra y decidí dedicarle un tiempo. Quizás necesitaba unos meses para coger perspectiva. O simplemente es que entré en los 30 con cierta desgana y pereza.

10 años de la vida de una persona dan para mucho. Como es lógico, de los 20 a los 30 son los primeros en los que más cosas suceden. Y eso que no puedo quejarme por los diez anteriores, viajé mucho y no tengo recuerdos demasiado amargos: Francia, Holanda, Bélgica; decenas de pueblos por España, Tenerife, Gran Canaria… Jugué a básket en un buen equipo, tuve momentos tristes por los problemas de rodilla, empecé en la universidad, alguna noche memorable, amigos, tuve mis primeros rotos en el corazón y el resto de cosas que le pueden pasar a uno.

¿Y los 20? Es complicado ser objetivo y recordarlo todo. Ya sea por mala memoria en ocasiones y otras porque simplemente lo mejor era olvidar determinadas situaciones. Esto no es un “lo que aprendí”, que ya vendrá en otro post, sino que es un poco anotar algunas cosas que me pasaron. Me es más sencillo hablar de viajes porque con ellos vienen más recuerdos de situaciones, lugares y estados de ánimo.

  • Estuve en París por segunda vez en el verano de 2009, en un viaje peculiar en coche. Carnet y coche, anda que no fue sorpresivo esto.
  • Por Edimburgo pasé el primer gran viaje con amigos de esta época. Fue sin duda de los mejores y guardo muchos recuerdos. La banda sonora la puso Trelese, la anécdota más grande el DNI caducado del incombustible Pepe, la magia el grande Jorge Luengo, la alegría todos nosotros y las incontables pintas, la fiesta de disfraces, el asesino de la cuchara…
  • Un año más tarde, en 2011 (pasó de todo: bueno… y malo), los viajes se sucedieron. En primer lugar un viaje a Londres en plenos exámenes de Junio (el taxi pirata, las comidas en el jardín, el cambio de horario), seguido por otro a Mallorca donde vi a mi Campanilla particular, a Alicante a rebozarnos por la playa de las piedras ocultas. Y luego a Lituania, Letonia, Estonia (¡y Helsinki!) para ver el Eurobasket, disfraces de Guardia Civil incluidos. A la vuelta, como colofón, viaje de una semana a la Riviera Maya con la empresa.
  • Los tres años siguientes no hubo viajes fuera de España (más allá de un viaje a Tánger por trabajo), pero sí a Burgos (cómo no), Madrid, Méntrida, Barcelona (a aprender a no cruzar en rojo), Toledo y otros muchos findes de escapadas cercanas. En 2013 por la rotura de Peroné me perdí Eslovenia y alrededores y más tarde Alemania, pero bueno, todo no puede ser.
  • El último en Sintra (aún no había ido nunca a Portugal) y Roma.
  • Aquí faltan visitas a pueblos de Extremadura y no pocos viajes más dentro de España: Ourense, Avilés, Gijón, Zaragoza, Alicante, Barcelona, León, Palencia, Ávila, Salamanca, Béjar, Valladolid, Madrid, Huelva, Cádiz…

Así que sumado a los años anteriores he pisado tierra en Portugal, Francia, Escocia, Inglaterra, Bélgica, Holanda, Italia, Lituania, Letonia (aunque solo fuese pisar las estaciones de servicio), Estonia (qué bonito Tallín, ¿volveré?), Helsinki, Marruecos y México.

Como en la vida de todos, se han cruzado muchas personas por mi vida, unas pocas para quedarse y otras muchas para acabar yéndose. Por desgracia, algunas nos han dejado a todos: mi tía Conchi en 2011 de una forma muy triste e injusta y en 2015 por ley de vida mi abuela Nori. Aún me emociono pensando en ello. Si eso fue la cruz, la cara la puso mi padre en 2007 porque aunque el susto fue mayúsculo, vive para contarlo.

He salido en la tele como narrador, co-presentador, por estar loco e ir disfrazados de guardias civiles en Kaunas. He escrito para diversas web de básket, he tenido una web de frases y en su momento bastantes visitas. He estado en 2 trabajos más aparte del de ahora: en Intexmedia (qué gran equipo de personas e infinitos buenos recuerdos en esos 3 años) y por Gloin otro año (con mucha suerte con los compañeros también).

En la salud, he estado malito dentro de lo normal, pero hay que añadirle algún esguince, roturas fibrilares, la rotura de peroné, ansiedad…

En el amor he tenido también de todo. He querido, me han querido, he tocado fondo con el desamor, he fallado y tomado decisiones erróneas de las que me he arrepentido, pero también he hecho un poco feliz a otras personas. Me he pegado 3 batacazos grandes (cada uno el doble de grande que el anterior, el último aún duele y eso que ya hace un año) que se unen a otros 2 “memorables” de la década anterior. Remiendos en la patata, que dicen.

Acabé la carrera con un retraso evidente (de años, aunque de cabeza no es que esté mejor) y dije que no volvería a pisar una universidad en la vida. Al año siguiente me matriculé en un máster (¡viva la coherencia!), porque ya que siempre dije que no valían para nada, qué mejor forma de comprobarlo que haciéndolo y más si no estaba trabajando en ese momento. Éste si lo acabé a la primera, pero no con poco esfuerzo ni falto de disgustos.

Mantengo amigos de antes de los 20, aunque pocos (estas cosas pasan), pero el cariño es mayor cada año que pasa. Lo mismo sucede con las personas que he tenido la suerte de conocer durante esta década. Os tengo mucha más estima de la que pensáis.

Y ya… No quiero mezclar este pequeño diario de cosas que pasaron con otro de “cosas que aprendí”, que llegará en las próximas semanas o meses. Y tampoco el de cosas que quiero hacer de los 30 a los 40. Vale, qué viejo me he hecho.

Quizás a cámara lenta. Despacio. Pero he vivido. Aquí no está ni el 1% de mis 20, pero me basta. Y estoy agradecido de poder contarlo. He preferido no poner muchos nombres aquí (quizás cuando tenga 80 años me arrepienta porque ya no me acuerde bien) por respeto y porque siempre se me olvidaría alguien y sería injusto. Gracias a todos 🙂

Una clave de la felicidad

9 Feb

La clave de la felicidad no está en buscarle sentido, sino en mantenerte ocupado con tonterías sin importancia, porque al final te morirás igual.

Vi esta frase el otro día en un GIF que estaba en Twitter y me dio que pensar. ¿Cuántas veces hemos ocupado nuestra mente con lo primero que hemos encontrado a mano para deshacernos de pensamientos hirientes? Y en la vida, ¿no hacemos constantemente lo mismo? Tratamos de apagar voces de nuestra conciencia con cualquier cosa, para no oír lo que nadie quiere escuchar. Por eso, cuando estamos inactivos, volvemos a escuchar esas voces; y nos queremos deshacer de ellas cuanto antes. Qué será de nosotros, qué sentido tiene esto… El silencio no es tan fácil de domesticar como puede parecer a primera vista. A veces se da la ironía de que para conseguirlo, necesitamos llenar de ruido nuestra vida.

Baila, baila, baila – Haruki Murakami

3 Feb

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“Baila, baila, baila”, de Haruki Murakami.

Tras leer los mejores libros de Haruki Murakami, no he perdido la oportunidad de seguir con otros menos conocidos. A pesar de que el título no es especialmente llamativo (tiene su sentido, como todo), aquí podemos encontrar otra vez los aspectos más típicos del estilo del escritor: la mezcla de realidad y fantasía, hechos extraños, personajes peculiares… A pesar de estar escrito hace más de 20 años, ha sido hace relativamente poco cuando ha se ha traducido al español, quizás por la fama que ha ido adquiriendo Haruki Murakami.

¿Y cuál es el argumento de “Baila, baila, baila”? Pues se hablará de un escritor freelance que llegado un momento en su vida, decide volver de nuevo a un lugar peculiar, el Dolphin Hotel, ya que se siente arrastrado a ello por una extraña fuerza. Se encontrará con un hotel muy diferente al que allí había y según va preguntando sobre qué fue de él, cada vez se hace más evidente que algo misterioso lo rodea. Allí establecerá relación con una dependienta, a la que hará el favor de llevar una joven huésped de apenas 13 años a otra ciudad. Estos personajes, junto a un viejo amigo que ahora es una estrella del cine; estarán envueltos en desapariciones, asesinatos y otras tropelías. Todo ello con la oscuridad y la mezcla de realidad/subconsciente a la que nos tiene acostumbrados Haruki Murakami.

Si nunca has leído a este autor, quizás éste no sea el mejor libro para engancharse con él; pero si ya has visto otros y te gusta su estilo, sin duda no te decepcionará.

Un paseo con vistas a los escombros

25 Ene

Hace un par de semanas, visitando el blog de “La habitación del duende“, vi una entrada que contenía el fragmento de un poema escrito por Escandar Algeet, incluido en el libro “Un invierno sin sol”.

El fragmento en cuestión es

Éstas son mis ruinas y ésta es mi voz.
Un paseo con vistas a los escombros.
Si veis al amor por ahí, solo decidle, que lo siento.
Que el frío se ha hecho ciudad
y yo, solo, he aprendido a quemarme.
Que la poesía pague los destrozos
y su recuerdo sea mi única migaja de calor.
Ésta, es la historia de un derrumbamiento.
El infierno hecho paisaje.
Mi baile nupcial sobre el lodo.
Un invierno, sin sol.

Podéis escuchar un poco más en el siguiente vídeo:

Y como bonus, si os ha gustado la música de fondo, se trata de Nuvole Bianche (de Ludovico Einaudi). Aquí la tenéis:

Letra de Cuarteles de Invierno – Vetusta Morla

16 Ene

Hace unos días descubrí Cuarteles de Inverno de la mano de @Compotita. Vetusta Morla es un grupo con letras de canciones bastante peculiares, de hecho si se bucea un poco por Internet es fácil descubrir decenas de artículos en los cuales se intenta arrojar luz sobre el significado de las mismas. A mí me gustó especialmente su canción Los buenos, que estaba en un disco llamado los Ríos de Alice y que escuché en bucle mientras estudiaba un máster. Era un disco instrumental y el colofón al mismo era esa canción, que me parecía bastante bonita.

De “Cuarteles de Invierno” me gusta la parte de

Fue tan largo el duelo que al final,
casi lo confundo con mi hogar.

Como en todo, es cuestión de gustos. La canción está bastante bien y como viene siendo habitual, dejo un vídeo y la letra. Y si no le habéis dado una oportunidad a Vetusta Morla, estáis a tiempo.

Letra de Cuarteles de Invierno

Una caja de recuerdos
y fiestas de guardar.
Media vida en cada intento
y la otra media en pinzas de metal.
Ya es un clásico,
seguir la zanahoria con tu aliento aquí detrás.

Un desorden milimétrico
me acerca hasta el lugar.
Lleva a cabo mi propósito
de ser cuchillo y presa a la par.
No es tan trágico,
jugar con la distancia y heredar su soledad.

Cuarteles de invierno
rompiendo su silencio.
Muñecas de hielo,
testigos de este encierro.
Fue tan largo el duelo que al final
casi lo confundo con mi hogar.

Botiquines para amnésicos,
leyendas de ultramar.
Soldaditos pre-soviéticos,
sellé mi Guerra y Paz particular.
Hay un misterio
de mapas que no llevan al tesoro
ni a epicentros
a punto de estallar.
Son las leyes de la física
y el tiempo no se pone en mi lugar.
Ya es un clásico,
perdí el salvoconducto y ahora espero al emisario…
que nunca llegará.

Cuarteles de invierno
rompiendo su silencio.
Muñecas de hielo,
testigos de este encierro.
Fue tan largo el duelo que al final
casi lo confundo con mi hogar.

Por mucho que vuelvo
no encuentro mis recuerdos.
Los busco, los sueño;
lo propio ya es ajeno.
Cayeron los bordes
y el vaso ya está lleno.
Y ahora sólo intento vaciar.
Sólo necesito despegar.
Fue tan largo el duelo que al final
casi lo confundo con mi hogar.