450 lunas

1 sep

Entre recuerdos de 450 lunas acompañado y dolores en el pecho y en el alma, la colección de favoritos en Twitter, entradas en el blog y escritos en Tumblr ha ido creciendo considerablemente. Recuerdo del primer no mes, cuando asomaban las dudas, un tweet que escribió Noita y que me hizo pensar:

¿Alguien sabe cuántos intentos tienes para encontrar el amor de tu vida antes de que te asignen un gato de oficio?

Porque, a veces es complicado saber si es o no lo es, cuando un vendaval lleva encima durante un tiempo y tomas una decisión que hasta pasado el tiempo no sabes si es correcta: a veces tardas algunos meses en darte cuenta. Para esas dudas en esos momentos, siempre viene bien poder viajar al futuro o viajar al pasado (según como se mire) y así saber si se va por la dirección correcta o por contra se está cometiendo un notable error; ojalá se pudiese hacer. Sobre esto Rayden escribió una genial canción, “A mi yo de ayer”, de la que dejo su precioso vídeo aquí:

Supongo que estoy en esos momentos duros donde necesitaría una visita del yo del futuro diciendo que todo va a ir bien o simplemente saber dónde me llevarán mis desesperanzados pasos.

Durante más de un año viajé mentalmente al pasado, para recordar cómo había sido todo y cómo al final la vida me trató bien; algo que me hubiese gustado saber en su momento. Ahora todo ha cambiado y grito a diario para que mi yo del futuro me susurre al oído que todo estará bien, justo como cuando hice entonces. Porque espero justamente esto:

Por suerte, otras veces querríamos viajar al pasado. Simplemente para decirnos que las cosas irán mejor, porque hemos visto cómo todo aquello por lo que alguna vez se luchó, se haya conseguido o no, mereció la pena. Quizás porque solo cada uno sabe en qué malos momentos estuvo al borde del abismo y que unas pequeñas palabras de consuelo, de que en algún momento todo iría mejor, podrían haberle ayudado mucho.

 

En el banco

29 ago

Es difícil darle nombre a la sensación.

Quizás sea mezcla de vacío, frustración y algo de paz. Vacío por lo que sacaste, frustración por los errores y cómo terminó todo, paz temporal porque simplemente ya está todo perdido. Tampoco tiene por qué tener sentido ni ser estrictamente así.

Solo. En un banco. Acompañado por el silencio. Mirando las estrellas. Buscando el perdón propio y ajeno. Tratando de haber aprendido. Es el momento de caminar y querer de otra forma. Hay que saber parar. No será fácil. Nunca nada ha sido tan duro.

Sopla el viento. Asoman algunas nubes. Dicen que algún día volverá a amanecer en su corazón. No les cree, aunque ojalá fuese cierto. Sus pasos se alejan. El banco se queda solo y vacío de nuevo. Como él. No la podrá olvidar jamás.

Un poco de Clementine

28 ago

Desde hace mucho tiempo sigo el blog de Un gato en la Azotea de Clementine (Voy sin musa y con el corazón a voces) y todo lo que escribe. Hoy, cojo un fragmento de lo que escribió, que podéis ver íntegro aquí y me quedo con algunas cosas que siento. En su momento cuando lo leí me impactó, ahora me identifico con algunas partes. Os recomiendo leerla. Escribe bonito, pero ojalá pueda escribir bonito y feliz de nuevo. A mí me gustaría dejar de escribir, porque solo lo hago cuando estoy triste.

Estoy leyendo un libro (…) Habla del calor, de los desconocidos, de llenar tu alma con recuerdos de futuros que nunca llegarán. Esta mañana se me cayó el café justo antes de que llegara el tren porque el pulso a veces me tiembla, aquello del insomnio y las ojeras, cuando huyo del tiempo por miedo a que el pasado me atrape para siempre. Una vez dibujé mi futuro y tenía tu nombre. Ahora mi futuro es un cielo gris. Escribí “Mi esqueleto es el de una ciudad en ruinas” y lo taché después. Me pongo muy nerviosa cuando las personas que se sientan a mi lado me rozan. Puede que sea un síndrome que crean las grandes ciudades, estás tan solo que ya no sabes cómo estar acompañado (…) No soy valiente. Nunca lo fui. Una piel vacía es una piel desierta. Alguien me dijo que cuando tienes un dolor muy grande se puede abrir un agujero en el corazón, pequeño, imperceptible. Los doctores no le encuentran explicación. Pensé que podía empezar un libro con esa frase. Así que de ahí salen las lágrimas, el dolor en el pecho, la ansiedad. Un pequeño agujero (…) Nunca sabrías el océano que hay dentro de mí. No sé por qué escribo todo esto, supongo que tengo ganas de contárselo a alguien y no tengo a quién. Lo que más miedo me da de quedarme sola en el mundo es no tener a donde ir ni quién te espere. Ser esa desconocida de la ventanilla del tren que no tiene quien la abrace al llegar a casa, ni quien la mire deseando quedarse a su lado para siempre.

Al final le añadiría (en mi caso) que quedarme solo porque la única persona capaz de abrazarme y quedarse a mi lado para siempre, ya no lo hará. No como quisiera.

No soy capaz de pasar página en todo esto porque he fallado en todo. En querer a tiempo, estar a tiempo y cambiar a tiempo. Creo que solo me queda seguir consejos y aceptar el “deja vivir”, bandera blanca, respeto y retirada. El vive, lo intento con trampas desde principios de mes, más intensamente desde esta semana. Tratar de sonreír, salir o hacer algo, disimular cuando sabes que por dentro sólo hay restos de un naufragio. Aún me niego a creer que todo esto haya pasado. Se aprende tarde y mal. Y solo hay una vida.

A veces y siempre

27 ago

Va camino de un mes desde que todo se desbordó completamente. Antes hubo indicios pero era soportable, luego pasó a ser algo doloroso y ahora simplemente es un dolor en el pecho que aumenta con cada suspiro que sale por una boca que no es capaz de hablar sin que se le rompa la voz. ¿Cómo es posible parar esto, contenerse, no espetarte “Te quise, pero ahora es que te quiero mucho más, no te puedo quitar de la cabeza. No sabía nada de lo que te pasa, no sé de nada, siempre llego tarde. No me esforcé lo suficiente”? Pero sé que esto no se puede enmendar. Que lo que ha pasado no tiene solución.

A veces voy caminando y veo un coche negro y se me parte el alma. Recuerdo los bailes dentro, la complicidad, las canciones, los kilómetros, recogerle las orejas (con él sí se podía, mi chincheta siempre terminaba cayendo), cómo te saludaba y se despedía de ti con las luces, como dije “te quiero” con miedo y eché a correr…

A veces por la calle veo alguien que se parece a ti y se me parte el corazón en dos y no quiero seguir mirando. Lo mismo si entro en cualquier lugar: abro la puerta tragando saliva y pidiendo clemencia. Pero en el fondo quiero verte de nuevo, aun a sabiendas que eso será una tortura igual que ver tus fotos. Tus fotos… verte preciosa y resplandeciente. Tu pelo, la sonrisa de dientes perfectos, los ojos pícaros, tu piel… ¿Sabes? Te veo mejor en mi mente. Porque en las fotos pasan pocos segundos hasta que de nuevo todo se desborda y de nuevo se ve borroso, mis ojos no paran de saludarte con lágrimas cada vez que te ven.

A veces me descubro pensando en ti de golpe. Jugando en la playa, paseando contigo, tomando algo en un bar, dándote un abrazo, tomando unas cañas, gruñendo porque “vas a morir solo”, oyéndote cantar, diciendo que menos mal que estoy de perfil, agarrándome el pelo, subida a un escalón, haciendo bailes locos. Siendo la vida que despertó cosas que no recordaba sentir.

Aunque quizás lo peor no son los “a veces”. Quizás lo peor son los siempres.

Siempre que me levanto de lo primero que me acuerdo es de tu cara. Y la poca paz que ha habido en la noche desaparece de golpe. Igual que las horas de sueño.

Siempre que suena el teléfono voy corriendo a mirar si eres tú. Es absurdo, porque es una doble cuchillada: si no lo eres, que no lo vas a ser; siento pena e indiferencia. Pero si eres, me vuelvo loco y lo único que pienso es en pedir perdón por todo lo que hice y sobre todo, lo que no hice. Incluso de lo que no sabía me siento más culpable aún. No te quiero leer, quiero escuchar tu voz, a mi lado. Juntos.

Siempre me acuesto pensando en que no he sabido valorar las cosas a tiempo. Que la condena va a ser muy larga. Que a lo mejor esto no se cura. Me pregunto por qué tardé tanto en quitarme la venda y me costó reconocer que cometí un (otro) error y simplemente con algo de tiempo las aguas volverían a su cauce. A veces me pregunto por qué demonios te sigo queriendo tanto si sé que no hay retorno y que todo está roto. La respuesta es simple: estás en mi corazón y a cada latido brota un recuerdo. ¿Cómo llegaste allí? Con cada palabra que decías, cada vez que nuestros ojos se cruzaban, cada vez que estuviste cuando lo necesitaba (incluso cuando no lo sabía ni yo), con cada abrazo, broma, risa, susurro, viaje… a cada detalle con la gente por parte de tu corazón, ése que es inmenso y que es uno de tus tesoros.

Ése que no supe conservar ni cuidar. Ése que ya no late por mí y es mi condena.

Hasta que se acostumbre a la oscuridad

26 ago

De las canciones más tristes de M-Clan, sin duda. Gracias a la gente que está ahí apoyando en estos momentos.

Hasta que se acostumbre a la oscuridad – MClan

Dadle la mano,
es nuevo ahí,
en ese sitio extraño
como un abismo desde aquí.

Se quedó sumergido
engañando al tiempo, bajo un iceberg,
burbujas que se pierden
y ya no alcanzo a ver.

Hasta que se acostumbre a la oscuridad
os pido que le hagáis un lugar.
No cerréis la puerta, no dejéis de hablar.

¿Cuánto tiempo tiene que pasar,
hasta que se acostumbre a la oscuridad?

Ahora es el centro de un radio infinito,
en un eclipse eterno, un cortocircuito.
Vosotros que llegasteis antes, decidle la verdad,
¿por qué este frío intenso? ¿por qué esta soledad?

Hasta que se acostumbre a la oscuridad
os pido que le hagáis un lugar.
No cerréis la puerta, no dejéis de hablar.

¿Cuánto tiempo tiene que pasar
hasta que se acostumbre a la oscuridad?

Ey, vosotros, no sé si estáis ahí.
¿Por qué no contestáis? ¿o es que no me oís?

Hasta que me acostumbre a la oscuridad
os pido que me hagáis un lugar,
que no cerréis la puerta, ¡no dejéis de hablar!

¿Cuánto tiempo tiene que pasar
hasta que me acostumbre a la oscuridad?
Hasta que me acostumbre a la oscuridad

Muy abajo, más allá
el frío intenso y la profundidad.

Muy abajo, más allá
el frío intenso y la profundidad.